Cuento por encargo: ‘Andrea, una maga en apuros’

Andrea MagaAndrea colocó a todos sus muñecos en el sofá. Bien alineaditos. Y fue pasando lista:

– Oscar

– “Presente”

– Pepe

-“aquí”

-Lola- Yo

– Flor… ¿Dónde está Flor?

Andrea siempre tenía que terminar buscando  a Flor. Era una muñeca pequeña y muy graciosa, que su hermano Alex secuestraba de vez en cuando para jugar a chincharla. Al final, claro, terminaban peleándose.

– ¡Aleeeeeeex!- gritó desde el salón- ¿Dónde has escondido mi muñeca?

Y así casi todos los días, porque a Andrea lo que más le gustaba era hacer de profesora y enseñar a leer a sus muñecos.

– Y el que no atienda, al rincón de pensar!- les decía muy seria.

Un día, Andrea les dijo que les iba a leer un cuento diferente, así que les colocó en el sofá (como siempre) y se subió a la banqueta para coger uno de los libros que su madre guardaba en lo más alto de la  librería. Eran los libros de mayores. Los más grandes. Tenía muchas letras. Y parecían la mar de misteriosos.

libreria 2

Andrea se fijó en un libro de lomo plateado que brillaba con mucha fuerza. Y entonces recordó que su madre un día le contó que tenía un libro heredado . No se acuerda muy bien si era de su abuela, su bisabuela su tatarabuela o su tatatata… bueno, que era muy muy viejo.

Andrea cogió el libro y lo abrió por la mitad:

– Conjuro para hacer desaparecer un objeto. ¡Ala! ¡Que chulo!

Y escrito en letra muy negra y muy grande, leyó estas palabras:

– “patplim pataplam, en un segundo desaparecerás!”…

2014-02-07-13-35-22_deco

En ese momento Andrea señalaba a su oso Pepe. ¿Sabéis lo que pasó?

Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. ¡Desapareció!

 

Andrea se asustó un poco, pero también se emocionó. ¡Si resulta que sabía hacer magia!

En ese momento apareció su hermano, con una de sus muñecas despelujada.

– Devuélvemela- le dijo Andrea.

– De eso nada- contestó Alex.

– Me la das o te enteras.

– Pues me entero- le desafió su hermano.

– ¿ah, sí?- y poniendose muy seria leyó de nuevo:

– “pataplim pataplam, en un segundo desaparecerás!”

¿Y sabési lo que pasó?

Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. ¡También desapareció.

– Nononononoooo- gritó Andrea asustada- Que yo no quería…

Ahora sí que Andrea se asustó mucho, porque aunque siempre se estaba peleando con su hermano, le quería con locura. Así que, con mucho esfuerzo, continuó leyendo el libro de magia (porque estaba empezando a leer y aún le costaba un poco).

Pero nada, no encontró la fórmula para deshacer el lio..

– ¿Y ahora qué hago?- pensó Andrea.

Lo que si sabía Andrea y muy bien, era llamar por teléfono a su madre. Claro, que no le iba a contar todo todo, sólo un poquito..

– Mamá mamá mamá!!- gritó Andra por el teléfono- ¡Tengo un problemilla!

– A ver- contestó su madre, que ya estaba acostumbrada a los problemillas de los dos hermanos- Qué te pasa.

– Pues…¿recuerdas el libro plateado de tu..tatara..eso?.. Pues resulta que funciona. Y…he hecho desaparecer sin querer a… Pepe.

– ¿Cómo? ¿A tu oso Pepe? ¡ Te dije que no tocaras ese libro! Pues te está bien empleado..

Andrea empezó a llorar desconsolada y a su madre se le ablandó el corazón.

– Bueno, vale, no te preocupes- le dijo con dulzura- Yo sé cómo puedes arreglarlo. Mi abuela me contó que todos los conjuro de ese libro se deshacen si lees la frase del revés y lo deseas de corazón. Si no lo deseas de verdad, no sirve  de nada.

Imprimir

– Sí sí sí..¡¡claro que lo deseo!! Gracias, mami..- Y colgó deprisa porque quería empezar muy pronto a arreglar el lio…

Con mucho miedo, la voz temblorosa y lágrimillas en los ojos dijo:

– “Desaparecerás segundo un en pataplam pataplim!”

Y..¿sabéis qué pasó?…

Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

¡Menos mal que funcionó! Pepe y Alex aparecieron, de repente, en medio del salón, como si nada hubiera pasado. Alex se fijó en que su hermana estaba llorando.

– Bueno, que tampoco es para tanto… anda, toma tu muñeca despelujada!- le lanzó la muñeca y se fue a su cuarto.

Buff… Andrea se sentó del susto y decidió que nunca más volvería a usar ese libro para nada. Bueno, para nada para nada… antes de dejarlo en donde estaba, se apuntó en un papel una frase. Debajo ponía: “Conjuro para convertirse en princesa”.

Y es que hay cosas que no se pueden evitar.

 

(©Fanny Tales 2014 “Cuentos a medida” )

 

Anuncios

EL CUADERNO DE CLOE

A Cloe le gustaba mucho dibujar, escribir, y pensar en las musarañas. Y en el recreo, en vez de jugar a darle patadas a la pelota, a inventar trastadas en el cuarto de baño o hacer comiditas con piedras machacadas, ella se sentaba en un rincón, sacaba su cuaderno y empezaba a mover el lápiz hacia todos los lados.

Cloe

– Siempre igual- decían sus amigas- ¿pero qué escribe todos los días en ese cuaderno?.

El cuaderno de Cloe era un cuaderno especial, que ella misma se fabricó, grapando hojas de colores. Era un cuaderno de hojas verdes, rosas, amarillas..

– Es un cuaderno mágico- les dijo un día Cloe.

Sus amigas desde entonces no pararon de pensar cómo hacer para quitarle el cuaderno.

– Ha dicho que es mágico- recordó Merceditas- Eso es porque seguro que apunta conjuros de esos de las brujas.

MerceditasRaquel

– No creo- decía Carlota, que siempre había sido mucho menos fantasiosa que el resto- Es mágico porque la tinta se volverá invisible.

-¿Invisible?- repitió entusiasmada Raquel- O quizás sea mágico porque te ayude a viajar por el espacio-

Y todas se echaron a reír.

– Hay que hacer algo para averiguarlo- dijo Merceditas.

Dicho esto, trazaron un plan. El objetivo: el cuaderno de Cloe. Claro, que no iba a ser nada fácil. Cloe no dejaba  su cuaderno ni un segundo. ¡Hasta se lo llevaba al cuarto de baño!.

– Tenemos que distraerla para poder echarle un vistazo- dijo al cabo de un rato Merceditas.

Así que al día siguiente, cuando sonó el timbre del recreo, Raquel, Carlota y Merceditas fueron corriendo hacia Cloe.

– Cloe, Cloe, ¡mira lo que hemos traído para ti!- le dijo Merceditas guiñando al resto un ojo. Y sacó una muñeca de su mochila. Una muñeca nueva, que acababan de regalarle, con cientos de accesorios y vestiditos de quita y pon.

Pero Cloe agarró fuerte su cuaderno y dijo:

– ¡Que bonita!. Pero voy a dibujar un rato.

Oh, no!..no había manera. Los días siguientes siguieron intentándolo..con cromos, dibujos e incluso una caja de bombones. Nada. Cloe no se separaba del cuaderno, y cada día que pasaba el cuaderno era más y más mágico. Más y más especial. Más y más atrayente. Y Carlota, Merceditas y Raquel se morían de rabia.

Cloe se dio cuenta de que sus amigas la seguían a todas partes. Y sonreía muy contenta de tener algo tan valioso entre las manos.

Así se pasaron las amigas todo el año, intentando sin éxito ver lo que Cloe dibujaba en su dichoso cuaderno de colores. Y el último día de colegio, cuando ya habían perdido todas las esperanzas, ocurrió lo inesperado: Cloe se acercó a sus amigas y les tendió el cuaderno garabateado.

– Os lo regalo- les dijo sin pestañear.

Sus amigas no sabían si creerlo. ¡Por fin tenían el cuaderno mágico entre las manos!. Lo abrieron impacientes, con muchos nervios. No sabían si encontrarían pócimas mágicas, letras invisibles o alguna clave para viajar por el espacio..y al abrir las hojas, comprobaron atónitas que sólo estaba lleno de..letras!!

Cuaderno Cloe

Ahí estaban sus nombres y unos cuantos corazones. Y palabras enredadas entre sí: árbol, corazón, luna, cielo..Y dibujos salpicando las palabras de color: un gato, un sol, unas flores… Y de magia, nada..

cuaderno cloe 2

– Pero…¡no es un cuaderno mágico!- protestaron las niñas.

– Sí que lo es- dijo Cloe- Aquí dentro están todas las cosas que me hacen soñar. ¡Feliz verano, chicas!.

Sus amigas terminaron aquel curso aprendiendo una sabia lección: la magia  no hay que buscarla fuera…sino dentro de las personas.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Ya sé leer”).

LA CASA DE LA VIEJA

La vieja Maruja siempre vestía de negro. Tenía el pelo muy blanco y muy largo y la cara llenita de arrugas.

bruja maruja

Vivía en una casa de dos plantas, de piedra y tejado cubierto de musgo. La parte de abajo era redonda. Arriba del todo, una veleta con forma de bruja.

casa vieja

Los niños la tenían tanto miedo que nunca se acercaban más allá de la verja de la entrada. Y eso que la casa de la vieja estaba dentro de un parque precioso, con un estanque repleto de ranas, un laberinto de setos y unas esculturas de caballeros con lanza.

– “La vieja Maruja es la bruja Pirujaaaaaa”- gritaban los niños desde la verja- “La vieja Maruja es la bruja Pirujaaa”- Arrojaban una piedra y salían corriendo.

Y es que la casa de la vieja, como la conocían todos, parecía sacada de un cuento de fábula.

Un día, Iván y Martina se acercaron con sus padres hasta el parque. Nunca habían visto nada tan hermoso. Y mientras sus padres leían distraídos, ellos se fueron a investigar hasta la verja. Pero al agarrarse a ella, se abrió. Tenían tanta curiosidad por ver a la vieja bruja de la que todos hablaban, que se acercaron despacito hasta la puerta. Y al ver que también estaba abierta, entraron.

¿Cómo sería por dentro la casa de la vieja?.

– Espera- le dijo Martina, que acababa de cumplir siete y era la mayor- A ver si va a estar la bruja dentro..

– ¡Que va!- contestó Iván todo valiente- Seguro que ha salido.

Los niños entraron y al instante se cerró la puerta.

-¡Plas!

Las paredes estaban llenas de trampantojos: cuadros y alacenas pintados por todas partes. ¡Hasta un gato!.

Sobre la mesa, unas galletas. Estas de verdad. Y dos tazas con chocolate caliente.

Entonces apareció ella: ¡la bruja Piruja!.

Y los niños empezaron a temblar.

La vieja Maruja les miró muy seria y luego señaló la mesa.

– Sentaros- dijo- Os estaba esperando.

Y Martina e Iván tenían tanto miedo que se sentaron sin rechistar.

– ¿Por qué me tenéis tanto miedo?- preguntó la vieja.

Y los niños no pudieron contestar. Miraban con los ojos muy abiertos y estaban petrificados como estatuas.

“Ahora es cuando saca su varita mágica y nos transforma en babosas o ranas”- pensaba Martina.

Sin embargo, la vieja Maruja no parecía tan bruja así de cerca. Y menos aún con esas galletitas de colores y ese chocolate en la mesa.

De pronto sonó el reloj de un cuco: las cinco de la tarde.

– Cucú. Cucú. Cucú. Cucú. Cucú- Y otra vez el silencio.

¿Pero de donde había salido ese reloj?. ¡Si antes no estaba!. Ahora sí que lo tenían claro: ¡La vieja Maruja era una bruja de verdad!.

-Veréis- empezó a contar Maruja- Sí: soy una bruja.

Los niños dieron un respingo en la silla.

-Pero no, no soy una bruja mala. ¿Veis alguna verruga?. Vale, sí, tengo muchas arrugas, pero son de vieja. De muy vieja. No tengo escoba. Ahora no. Antes era una bruja mala, porque casi todas las brujas somos así, malas. Malas malísimas. De esas que convierten a los niños en ratones y a los príncipes en ranas. De esas que preparan conjuros y pócimas asquerosas. Pero me cansé de ser mala. Me quedé muy sola, y ahora soy vieja. Y quiero ser una bruja buena.

Los niños la miraban muy atentos.

– ¿Qué tengo que hacer para que dejéis de huir de mi?.

Iván y Martina se miraron: tenían una idea.

Al día siguiente la vieja Maruja dejó la puerta de la verja abierta. También la de su casa. Y salió al jardín con ropa nueva. Su vestido estaba lleno de colores y su viejo sombrero parecía un florero.

vieja Maruja

Invitó a los niños a pastitas y galletas de chocoltae y les enseñó trucos de magia:

-“abracadabra pata de cabra…que la piedra se convierta en una araña”- Y todos se reían a carcajadas.

Los niños se hicieron muy amigos de ella y a partir de entonces la casa de la vieja se llenó de risas.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Aprendo a leer”).