La palabra más importante. Cuento infantil sobre el Amor.

Carolina volvió algo cabizbaja a casa: tenía que escribir una redacción sobre su palabra favorita.¡Con todas las que había en el diccionario!. Lo difícil era elegir. Porque cuantas más cosas tenemos, pensó, más difícil es ponerlas en orden.

Carolina

Así que Carolina se pasó toda la tarde pensando. Cogió el diccionario y empezó a abrirlo al azar. Señalaba a ciegas una palabra y la apuntaba en una hoja:

– “Cachivache”

– “Mariposa”

– “Tapón”

“Buah ..pensó Carolina- así no voy a ninguna parte”..

Así que cambió de estrategia y decidió preguntar a sus hermanos y a sus padres. Primero a su hermano mayor:

– A ver, Carlos, dime una palabra que te guste..

– ¡Espaguetis!

Carolina salió de su cuarto muy enfadada. Y le preguntó a su hermana pequeña.

– “Cato”- contestó Marta con su lengua de trapo.

– ¿Gato?- repitió Carolina desilusionada.

Luego le preguntó a su padre, y le dijo que le gustaba mucho la palabra “supercalifrasgilisticuespialidoso” (siempre estaba gastando bromas). Y su madre le contestó que le gustaban muchas: paz, felicidad, familia, margarita, libélula…. Y no se decidió por ninguna.

Así que Carolina se volvió a sentar en su silla y comenzó a garabatear la hoja en blanco. Y de pronto se vio dibujando corazoncitos por todo el papel ( porque a Carolina le encantaba dibujar cosas mientras pensaba)..

Y dibujó un corazón…y otro..y otro más..así hasta llenar el folio de pequeños corazones. Entonces fue cuando encontró la palabra. ¡Por fin la palabra más importante de entre todas las palabras!.

Carolina cogió el rotulador rojo y escribió con letras muy grandotas: Sigue leyendo “La palabra más importante. Cuento infantil sobre el Amor.”

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Una carta para Balma. Cuento infantil sobre la amistad.

Portada Balma

Ocurrió un frío día de enero, por la tarde. Había nevado y las calles estaban blancas. Ese día, Balma recibió una carta. Con su nombre y apellidos y la letra clara. Sin remitente. La cogió nerviosa y se la llevó corriendo a su cuarto.  Su hermana la siguió. Ella también quería enterarse. Pero Balma decidió llevar aquello en secreto. ¡Era la primera vez que alguien le escribía!.

Así que no tardó en abrir la carta. Y escrito con letras mayúscula, pudo leer:

“Si sigues las pistas encontrarás el tesoro. Busca en tu nombre. Esconde un secreto”.

¿Ya?. Balma le dio la vuelta a la hoja. Una vez y otra más. ¡¡No había nada!!. Qué querían decir aquellas palabras?. ¿Un tesoro?. ¿Un secreto?. ¿Su nombre?. ¡No lo entendía!. Sin embargo, no quería decirle nada a su madre. Se rompería el hechizo…

Así que Balma guardó la carta entre las hojas de uno de sus libros, y aquella noche apenas probó bocado durante la cena. Ni podía dormir. No podía dejar de pensar en aquellas enigmáticas palabras… “las pistas”… “tesoro”…”nombre”…”secreto”…

Al día siguiente decidió comenzar a investigar. Lo primero que hizo fue ir a la biblioteca del colegio. Allí había muchísimos libros y seguro que alguno podría ayudarla. Buscó entre los libros de misterio..de tesoros..de detectives..y nada.

Balma Biblio

Y ya cuando se iba a ir, cabizbaja, escucho su nombre con esa vocecilla alegre de Ana, su amiga del alma.

– ¡Balma!. No te había visto. ¿Qué te pasa?.

A ella, a Ana, no le podía ocultar nada. Sabía leer en sus ojos, así que no merecí ala pena ni siquiera intentarlo.

– Buenoooo. Busco una pista.

-¿Una pista?. ¿De qué?.

– De un mensaje.

– ¿Qué mensaje?.

– Este…

Balma le tendió el sobre a su amiga y ésta lo leyó como tres veces. Y eso que sólo era una frase.

– ¿Y quién te lo ha mandado?.

– Ni idea.

– Bueno. Tal vez tengamos que hacer caso a lo que dice. Hay que buscar en tu nombre.

– ¿Y cómo?.

– Pues en algún libro de nombres, claro.

No había nada como hablar con Ana. Siembre o veía todo muy clarito, así que enseñarle la carta, pensó Balma, no había sido tan mala idea.

Biblio

Buscaron un libro de nombres. Y ahí estaba el suyo: Balma.

– “Balma significa gruta o cueva. Es el nombre de la Virgen de la Balma. Tiene un santuario excavado en la roca en Zorita, una población muy pequeña de Castellón”.

Las dos amigas se miraron boquiabiertas. ¡Zorita!. ¡Una cueva!.

– ¿Me estás diciendo que en la cueva esa hay un tesoro?- exclamó victoriosa Balma.

– Yo creo que sí- contestó su amiga.

– ¿Y cómo llego hasta allí?.

– No sé. Ni idea.

Balma regresó a casa contenta. También un poco triste. Conocía el significado del mensaje. Y no sabía cómo hacer para llegar hasta el tesoro.

Así se pasó Balma el resto de semana..hasta que el viernes recibió la mejor de las noticias.

– Oye Balma, este fin de semana hacemos una excursión- le dijo su madre- Os vamos a enseñar a tu hermana y a ti la cueva de Zorita.

¡No podía ser verdad!. ¡Iba a conocer la cueva!. ¡Podría buscar el tesoro!. Intentó disimular un poco su entusiasmo, aunque era difícil. Su hermana estaba bastante “mosqueada” porque la notaba rara.

Al día siguiente,Balma era la primera preparada para salir en la puerta de casa.

– Vaya, menudas prisas-le dijo su madre.

El viaje se le hizo eterno. No eran muchos kilómetros, pero tenía tantas ganas de llegar…

Y al fin lo vio, como parte de la montaña. Unas casas blancas pegadas a la roca, un edificio del color de la arcilla y una gruta. Abajo había un rio. Aparcaron y comenzaron  a subir andando.

– Qué callada estás- le dijo extrañada su madre.

– Que va- contestó Balma. Y siguió andando.

Primero llegaron a las casas blancas. Y un poco más adelante estaba la iglesia. Y por fin, la cueva. Claro, que estaba un poco oscura.

Balma cueva

Balma miró y remiró y sólo alcanzó a ver la talla de una virgen en medio de la gruta. Y de repente pensó que  aquello podía ser una  broma. . .Salieron de la gruta. Balma estaba triste. Sus padres decidieron que comerían allí mismo. Una de las casitas blancas era un hostal.

Se pidió espaguetis con tomate. Y de postre un flan. Su madre no dejaba de observarla.

– Pues algo te pasa…

– Que no- contestó enfadada Balma.

Entonces se acercó el camarero, con una carta.

– Me han dado esto para una tal Balma-dijo muy serio.

Y Balma de un brinco saltó de la silla. Cogió el sobre y lo abrió todo lo deprisa que pudo.

“Descubriste el misterio. Eso significa que eres una excelente detective. Te has ganado un premio: así que tú misma elegirás el tesoro”.

Firmado: Mamá.

(© Fanny Tales 2014. Categoría: “Ya sé leer”. Cuento por encargo para Balma, una niña de siete años).

María en el país de las hadas. Cuento corto para niños sobre la imaginación.

Muy poca gente sabe que existe. Yo sí. Y María.

El país de las Hadas se esconde en un lugar muyyy lejano. Pero muyyy lejano. Tan,  tan lejano,  que sólo se puede llegar a él a bordo de nube de los sueños.

María durmiendo sello

Para subirte a la nube de los sueños, tienes que cerrar los ojos y pensar en ella. Luego susurras despacito las palabras mágicas:

-Castripatrosqui trusco trasca.

Y si lo dices bien, poco a poco, comienzas a ver una nube de colores que llega como los arcoíris, difuminada y breve. Por eso tienes que subirte a ella rápido.

Un día María cerró los ojos. Dijo las palabras mágicas. Y al poco llegó la nube. Y María se subió de un salto.

-¡Zaaas!

María nube sello

Y ya en la nube, miró con sus ojos azules muy abiertos. Al principio no veía nada. Pero comenzó a oír risas cristalinas. ¡Era las risas de las hadas!.

María me ha contado que un hada diminuta agarró la nube y la llevó flotando por el ancho cielo. Luego llegaron hasta una colina hermosa, llena de flores y mariposas. Y entre las mariposas, volaban libres las hadas.

María país d elas hadas sello

María se bajó de la nube con sus pies descalzos y siguió a un par de hadas que la guiaban juguetonas por el campo.

Le entregaron una corona de campanillas blancas y una varita hecha con un lirio. Cada vez que María movía la varita, desprendía el  polvo dorado de las hadas.

Alguna de ellas le enseñó algún truco. ¡María consiguió cambiar de color su vestido!.

Pero el tiempo pasaba muy rápido, y tenía que irse. Le hubiera gustado mucho llevarse la varita a su casa, para poder jugar con los colores de la pared . Pero no podía llevarse nada del país de las hadas.

María portada sello

De nuevo regresó a la nube y las hadas la llevaron de vuelta hasta su casa. Pero antes de irse la recordaron las palabras mágicas..

– Ya sabes que puedes volver siempre que quieras- la dijeron lanzándola un sonoro beso.

María se acurrucó en su cama y apoyó la cabeza en la almohada. Cerró los ojos y sonrió.

– “Mañana volveré”- dijo para sí- “Mañana..”.

(©Fanny Tales 2014. Categoría: “Mis Primeros Cuentos”. Cuento por encargo para María, una niña de tres años. )

Mi amigo Patas Flacas. Cuento corto para niños sobre las diferencias.

Patas flacas no es ningún extraterrestre. Es sólo mi amigo. Lo que pasa es que tiene las piernas muyyy largas. Y la cabeza pequeña. Y a veces asusta un poco porque es muy alto. Pero muy muy alto. A veces parece que roza el cielo (aunque él me asegura que no, que no tiene ni idea de cómo son las nubes, ni puede cazar una estrella, por más que se lo he pedido).

patas flacas

Los demás compañeros se alejan porque le tienen miedo. Y a menudo juega solo. Pero a mi me gusta patas flacas. Es muy divertido. Con él siempre puedes hacer cosas fantásticas que por ti sólo no podrías hacer. Por ejemplo:

-Mirar por encima de los muros.

– Subir en un par de saltos a lo alto del tobogán.

-Encaramarte a las ramas del árbol.

-Cruzar de un saltito un charco gigante.

Patas flacas me hace reír. Y aunque los demás le señalen, es el mejor amigo del mundo. Tanto, que siempre me elige cuando hay que hacer parejas en clase de gimnasia. Eso significa victoria segura, porque patas flacas es el mejor encestando en baloncesto, el primero en llegar a la meta en las carreras y el que más fuerte lanza el balón cuando hay que chutarle.

patas flacas 2

El único problema de Patas Flacas que tiene es que no puede jugar al escondite. ¡Le encuentran enseguida! Menos mal que luego voy corriendo y le salvo. Para eso están los amigos, ¿no?

Los demás poco a poco se están dando cuenta de que Patas Flacas no da tanto miedo como pensaban y se van acercando. Y es que Patas Flacas tiene las piernas muy largas, pero los demás tienen los ojos pequeñitos. Y eso les impide ver bien. Menos mal que han sacado las gafas transparentes y ahora por fin no se apartan de mi amigo. Porque son unas gafas que lo ven todo.  Los recreos ahora son mucho más divertidos.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”)

El muñeco de nieve. Cuento de Navidad para niños sobre la bondad.

Nació en una hoja de papel. A carboncillo. Sólo era un dibujo de trazos finos y precisos. Tenía una nariz pequeña, la cara muy redonda y una sonrisa enorme. También llevaba gorro. Le venía bien, porque era un muñeco de nieve, y allí en la montaña hacía mucho frío.

Muñeco de nieve b y negro

Pero a pesar de la sonrisa y sus grandes ojos de botones blancos, el muñeco de nieve no era feliz. Él soñaba con tener un gorro rojo, coloretes sonrosados y una casita verde en donde poder refugiarse.

Un día, uno de los copos de nieve que caían aterrizó en su hombro helado. Y se quedó ahí un buen rato. Él normalmente no hablaba con los copos de nieve, pero esta vez al muñeco le dio pena y habló con él para que no se sintiera solo.

Le hizo reír. Tanto, que el copo de nieve casi se olvida de que en algún momento se convertiría en gota de agua.

Y el muñeco de nieve le contó que a pesar de su sonrisa estaba triste,porque quería tener colores y no sabía cómo.

El copo se derretía. Pero antes de fundirse con el muñeco le dijo:

– ¿Sabes?, soy un copo de Navidad. Tú me has hecho compañía. Yo a cambio puedo hacer algo por ti.

El copo de nieve se deshizo y el muñeco no sintió frio, sino calor. Y poco a poco su cuerpo se fue inundando de color. Al principio eran tonos muy suaves, delicados…

Muñeco nieve pálido

Y los matices cada vez eran más intensos. Su gorro era rojo. Tenía coloretes y una casa verde al final del camino.

Muñeco nieve color

El muñeco de nieve lloró de emoción. Sintió que había recibido más de lo que había dado. Y por fin era feliz. Ahora sí, ahora sí que lo tenía todo.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”).

LAS HISTORIAS DE MIGUEL: “YO QUIERO VER LAS COSAS QUE NO SE VEN”

Me gusta mirar por la ventana. Veo pasar a la gente. También hay muchos coches aparcados. Veo a Elena, a Javier entrar en su casa. Pero hay cosas que no se pueden ver. A veces me gustaría tener unas gafas para ver lo que no se ve. Porque las de mi padre no sirven. Se ve todo borroso.

No sé por ejemplo hasta donde llegan las cosas cuando mi madre pasa el aspirador. La verdad es que ese aparato da un poco de susto, porque parece un dragón. Si me pillara a mi..¿me tragaría? ¿Y a dónde iría? ¿A dónde van las cosas que se come el aspirador?

Igual pasa con la tele. Yo veo los dibujos. Pero no sé que hay más allá. Porque tiene un cable. ¿Hasta donde llega el cable? ¿Por qué se lo traga la pared?

Es como el mar, que nunca ves el final.

Por eso miro tanto al cielo. Si pudiera hacer un agujerito para ver lo que hay detrás… ¡Eso es! El caso es hacer agujeros para mirar. ¡O abrir la tapa!  Como cuando mi papá le quita los tornillos al coche y veo los cables de dentro.

Así que la solución es desatornillar el cielo. ¿Cómo no se me habrá ocurrido antes? Lo malo va a ser subir hasta allí..y… bueno, tengo otra gran duda..¿y dónde están los tornillos?

La bella…valiente. Cuento infantil sobre la igualdad de género.

 DURMIENTE VALIENTE

Erase que se era un príncipe cansado de salvar princesas. De librar batallas y vencer
dragones. De tener que llevar espada, escudo y esa ropa taaaan pesada a todas partes. De no poder brincar ni gritar en público. Ni tirarse eructos ( ni por lo bajinis), ni poder leer y escribir lo que le venía en gana.
Y erase que se era una princesa que no quería ser princesa. Ni vestir vestidos taaaan
incómodos. Ni tener que esperar impaciente a que un príncipe la despertara de un sueño. Ni tener sirvientes, ni hadas madrinas.
Felipe no quería librar más batallas. Aurora no se quería pinchar con ninguna aguja.
Así  que la historia comenzó en este punto.
Felipe tenía un plan. Aurora tenía el suyo. Felipe se haría pasar por Juan, su amigo y
caballero. Aurora se pondría la ropa de Jimena, su amiga y doncella. Y ambos
escaparían para vivir su propia aventura.
Felipe quería vivir tranquilo en la biblioteca de su amigo Merlín. Y Aurora quería
visitar al mago para aprender hechizos ( y poder defenderse ella solita). Y así fue como
Felipe y Aurora se encontraron y se conocieron.  Merlín les observó un largo rato y dijo:
–Tengo la solución-.
Y Aurora y Felipe aplaudieron de emoción.
– Aurora será Felipe y Felipe será Aurora- y dicho esto y antes de que ninguno pudiera
decir nada, les lanzó un hechizo y los dos cambiaron de cuerpo: Felipe se miró al espejo y soltó un tremendo gritito. Y Aurora se puso a brincar, espada en mano, loca de emoción.
Y los dos se fueron por donde vinieron, convencidos de haber encontrado la solución a
sus problemas.
Felipe
A Felipe lo que más le gustó del castillo de Aurora fue su inmensa biblioteca. Había
cientos y cientos de libros por todas partes. A Aurora le emocionó su primera batalla
contra el dragón de los ojos amarillos. Fue pan comido.
Aurora
Felipe se puso a leer y a leer sin parar. Y Aurora a cabalgar y aprender la lucha sin temor alguno.
Todo era perfecto. ¿O no?
Resulta que la maldición de Aurora se tenía que cumplir. Pero Aurora ya no era Aurora,
así que el que se pinchó con la rueca fue..¿adivináis quién?. Eso es: ¡¡Felipe!!
El pobre Felipe ni sabía lo que era una rueca. Emocionado por aprender a coser, se
acercó hasta la aguja y ¡zaaaas!..¡se pinchó! Y se durmió, claro. Como una marmota.Y
el resto de habitantes del castillo se durmieron con él.
Aurora se enteró muy pronto. Las noticias en los reinos vuelan, así que no se lo pensó
dos veces: ella salvaría a Felipe. ¡Que emoción!
Agarró bien fuerte  su escudo y cogió la espada. Entonces fue cuando llegaron las tres
hadas y se dieron un susto morrocotudo. Al comprobar que Felipe no era Felipe ni
Aurora era Aurora, pegaron un grito de espanto.
-Aaaaaaah. ¡Qué desastre!- gritaron asustadas las tres hadas- ¿Y ahora qué hacemos?.
-Tranquilas- les dijo muy segura la princesa- Yo lo arreglaré todo.
Ni magia ni ayuda de ningún tipo. Aurora estaba segura de que iba a vencer a Maléfica
ella solita. ¡Por fin una batalla ejemplar!.
Así que cabalgó y cabalgó y cabalgó hasta encontrar el castillo de la bruja. Estaba en lo alto de una colina, escondido entre árboles oscuros. En medio de un inmenso vestidor, ante un espejo,  estaba ella: Maléfica (probándose los vestidos nuevos que acababa de comprar).
Pues resulta que las brujas no son tan brujas. Y Aurora, muy a su pesar, no tuvo que
utilizar la espada. Habían pasado tantos años, que la bruja ni se acordaba ya del entuerto que había organizado. Y a Aurora bastó con decirle: “Que bien te queda ese vestido”, para ablandar su corazón y convencerla.
-Está bien- dijo al fin Maléfica- Te diré cómo despertar al príncipe. Sólo tienes que
acercarle este brebaje a la nariz- y le pasó un frasquito azul con un líquido muy pero que muy  turbio.

¡Que fácil! (eso pensó Aurora). Pero al agarrar el ungüento se dio cuenta de que no lo era.

-¡Puaaaag! ¡Que peste!-dijo tapándose la nariz- ¿Con qué habrá hecho Maléfica esta pócima? ¿Queso podrido? ¿Estiércol?

Metió el frasquito en una caja y Aurora volvió a cabalgar, cabalgar y cabalgar sin parar.
Y entonces comprendió lo duro que podía resultar salvar princesas. O príncipes, claro.
Y después de mucho cabalgar, llegó a su castillo (ya empezaba a echarle de menos).
Subió a grandes zancadas la interminable escalera de caracol y ahí estaba él, Felipe, en su cama de dosel, roncando y roncando como un oso pardo. ¿Roncando?
-Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr-
-¡Cáspita!-dijo la princesa- ¡Suena como un dragón enfurecido!.
Y a Aurora comenzó a gustarle más y más Felipe.
Le acercó el brebaje a la nariz y al instante saltó el príncipe asustado, dando vueltas y
más vueltas por el cuarto.
-¡Por Dios! ¿Qué es esa peste?- y al ver ahí delante a Aurora, entendió que le acababa de salvar la vida.
Y a Felipe empezó a gustarle más y más Aurora.
Se miraron, se remiraron y no dijeron más. Se fueron de la mano hasta la morada de
Merlín.
El mago al verles llegar arqueó las cejas y meneó la cabeza de arriba abajo.
-¡Si ya sabía yo que volveríais! No os preocupéis que esto lo arreglo yo en un pis pas.
Y alzando su varita mágica dijo:
-Patatín Patatán..¡a tu cuerpo regresarás!- Y Aurora volvió a ser Aurora. Y Felipe volvió
a ser Felipe.
Desde entonces los príncipes viven juntos, en una casita que se hicieron junto al torreón del mago. A Felipe le podéis ver muy a menudo por el bosque, leyendo y leyendo sin parar. Ya es casi mago. Y Aurora..bueno, Aurora pasa largas temporadas fuera de casa. Le encanta participar en cacerías de dragones, ogros y demás seres abominables.
Ya veis, así es la historia. Que sepáis que los dos fueron muy felices, pero no comieron
nunca perdices, sino legumbres. Y colorín colorete, el amor es sorprendente se tiraron
un… pedete.
(© Fanny Tales. Categoría ” Aprendo a leer”).

Don Marino. Cuento para niños sobre el valor de la amistad.

En realidad se llama Antonio, pero le llaman Don Marino. Tal vez por su camiseta blanca, el ancla bordado en el centro y esa barba larga y tupida. Siempre lleva un gorrito redondo de algodón y una cesta de mimbre. Para guardar los peces.

Don Marino

Y todas las mañanas don Marino se acerca al puerto, se sienta en el muelle y saca su caña de pescar. Y todas las mañanas también, se acerca Matías para ver lo que pesca Don Marino.

Matías tiene sólo ocho años, pero quiere ser pescador, como Don Marino. Y se sienta a su lado para ver cómo engancha la lombriz en el anzuelo y cómo después lanza el sedal  lejos, muy lejos, tan lejos  que a veces lo pierde de vista.

Y así se pasan las mañanas Matías y Don Marino, calladitos y pacientes. Esperando que algún pez pique. Pero no pican. Y mientras, Don Marino, entre silencio y silencio, le cuenta historias muy antiguas a Matías. Y a Matías le encantan las historias de Don Marino.

¿Queréis oír una?

– ¿Sabes, Matías?- le dijo un día Don Marino al niño- Hace mucho, mucho, mucho tiempo (porque las historias de Don Marino siempre empiezan así)…pero mucho, mucho tiempo, conocí a la ballena más grande del ancho mar.

Matías pone los ojos como platos y se le ilumina la cara. Señal de que quiere oír más.

– Sí, sí..te lo digo de verdad- continuó Don Marino- Yo no sabía nada de ballenas, porque era muy joven. Estaba pescando en medio del océano, en una barquita muy pequeña que me prestó mi papá. Sólo había podido coger un pez, y ya me iba a marchar. Llevaba muchos días en aquel lugar. Todos los días iba al mismo sitio, en la misma barquita, y a la misma hora. Y justo cuando me iba, la oí:

– Fffffffffff. Fffffffff.

don marino y la ballena

Resoplaba con fuerza, como una manguera cuando se escapa del grifo. Me empapó de agua, y entonces la vi: inmensa, desafiante y gorda, muy gorda.

(Matías seguía poniendo la misma cara. Así que Don Marino continuó).

– Y en vez de asustarme, me enfadé. Vaya que si me enfadé…¡¡me había puesto perdido!! Así que le grité: “Eh, tú, pez gordo, yo no te he hecho nada para que mojes enterito”.

Y la ballena volvió a resoplar.

-Ffffffffffffffffffffffffffff.

Entonces entendí que quería jugar, como un perrillo. Y puestos al lío, me puse a jugar…y le lancé el único pez que había pescado. Nos hicimos muy amigos, y volvimos a vernos al día siguiente. Y así todos los días, uno detrás de otro. Después de pescar, la ballena se acercaba y empezábamos a jugar.

Un día dejé de verla, se fue. Pero aún la espero, sentado en este muelle. Sé que volverá. ¿Sabes?: cuando haces un amigo, aunque no le veas, está. Claro que está.

Y ese día Matías se sintió un poco ballena, y decidió que nunca abandonaría a Don Marino.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Ya sé leer”).

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