Mis primeros cuentos

Cuentos recomendados de 2 a 5 años…

MI AMIGO PATAS FLACAS

Patas flacas no es ningún extraterrestre. Es sólo mi amigo. Lo que pasa es que tiene las piernas muyyy largas. Y la cabeza pequeña. Y a veces asusta un poco porque es muy alto. Pero muy muy alto. A veces parece que roza el cielo (aunque él me asegura que no, que no tiene ni idea de como son las nubes, ni puede cazar una estrella, por mas que se lo he pedido).

patas flacas

Los demás compañeros se alejan porque le tienen miedo. Y a menudo juega solo. Pero a mi me gusta patas flacas. Es muy divertido. Con él siempre puedes hacer cosas fantásticas que por ti sólo no podrías hacer. Por ejemplo:

-Mirar por encima de los muros.

-Subir en un par de saltos a lo alto del tobogán.

-Encaramarte a las ramas del árbol.

-Cruzar de un saltito un charco gigante.

Patas flacas me hace reír. Y aunque los demás le señalen, es el mejor amigo del mundo. Tanto, que siempre me elige cuando hay que hacer parejas en clase de gimnasia. Eso significa victoria segura, porque patas flacas es el mejor encestando en baloncesto, el primero en llegar a la meta en las carreras y el que más fuerte lanza el balón cuando hay que chutarle.

patas flacas 2

El único problema de Patas Flacas que tiene es que no puede jugar al escondite. ¡Le encuentran en seguida!. Menos mal que luego voy corriendo y le salvo. Para eso están los amigos, ¿no?.

Los demás poco a poco se están dando cuenta de que Patas Flacas no da tanto miedo como pensaban y se van acercando. Y es que Patas Flacas tiene las piernas muy largas, pero los demás tienen los ojos pequeñitos. Y eso les impide ver bien. Menos mal que han sacado las gafas transparentes y ahora por fin no se apartan de mi amigo. Porque son unas gafas que lo ven todo.  Los recreos ahora son mucho más divertidos.

EL MUÑECO DE NIEVE

Nació en una hoja de papel. A carboncillo. Sólo era un dibujo de trazos finos y precisos. Tenía una nariz pequeña, la cara muy redonda y una sonrisa enorme. También llevaba gorro. Le venía bien, porque era un muñeco de nieve, y allí en la montaña hacía mucho frio.

Muñeco de nieve b y negro

Pero a pesar de la sonrisa y sus grandes ojos de botones blancos, el muñeco de nieve no era feliz. Él soñaba con tener un gorro rojo, coloretes sonrosados y una casita verde en donde poder refugiarse.

Un día, uno de los copos de nieve que caían aterrizó en su hombro helado. Y se quedó ahí un buen rato. Él normalmente no hablaba con los copos de nieve, pero esta vez al muñeco le dio pena y habló con él para que no se sintiera solo.

Le hizo reír. Tanto, que el copo de nieve casi se olvida de que en algún momento se convertiría en gota de agua.

Y el muñeco de nieve le contó que a pesar de su sonrisa estaba triste,porque quería tener colores y no sabía cómo.

El copo se derretía. Pero antes de fundirse con el muñeco le dijo:

– ¿Sabes?, soy un copo de Navidad. Tú me has hecho compañía. Yo a cambio puedo hacer algo por ti.

El copo de nieve se deshizo y el muñeco no sintió frio, sino calor. Y poco a poco su cuerpo se fue inundando de color. Al principio eran tonos muy suaves, delicados…

Muñeco nieve pálido

Y los matices cada vez eran más intensos. Su gorro era rojo. Tenía coloretes y una casa verde al final del camino.

Muñeco nieve color

El muñeco de nieve lloró de emoción. Sintió que había recibido más de lo que había dado. Y por fin era feliz. Ahora sí, ahora sí que lo tenía todo.

EL DELFÍN QUE QUERÍA VOLAR

Delfi era un delfín joven y muy inquieto. Ya desde pequeño quería nadar y nadar para descubrir hasta el último rincón del océano. Recorrió todos los mares, conoció a todos los peces, atravesó galeones hundidos. Conocía el lugar exacto donde se encontraban los tesoros, y guardaba el secreto de todos los animales extraños que sólo él pudo conocer.

Pero a Delfi el mar se le quedó pequeño. Y comenzó a mirar con tristeza el cielo..

– Que inmenso…- pensaba Delfi- ¡Cuantos tesoros habrá allí arriba!.

Delfi quería navegar por los otros mares. Y tocar estrellas. Quería conocer a todas las aves y buscar galeones entre las nubes. Delfi quería volar.

– Los delfines sólo nadan- le dijeron sus amigos- No puedes volar. ¿Dónde has visto un delfín volador?.

Delfi saltarin

Pero Delfi era bastante cabezota, y no se daba por vencido. Comenzó sus ejercicios al día siguiente. Cada mañana, cada tarde, sin parar. Desde que salía el sol hasta que se ocultaba. Delfi comenzó con pequeños saltos. Al principio se sentía torpe y muy pesado. Pero pronto comenzó a saltar más y más. Primero levantaba un poco el cuerpo sobre el mar. Después aprendió a saltar las olas. Y al final, sus saltos eran tan altos que hasta parecía rozar el cielo. Delfi pudo al fin contemplar el sol, saludar a las gaviotas y competir con los gigantescos barcos que surcaban el mar.

Delfi volador

Pronto pudo enseñar a sus amigos. Y desde entonces, el mar está lleno de delfines saltarines, que aprendieron casi casi…a volar…

(© FannyTales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”).

LA ARAÑA QUE INVENTÓ HALLOWEEN

Clotilde era una araña muy feliz. Gorda, muy gorda y con pelos en las patas. Tenía la boca enorme y el pelo naranja. Nació con una mancha azul alrededor del ojo y una inmensa sonrisa de parte a parte. Y le encantaba  gastar bromas a las demás arañas.

Clotilde

Pero al resto no les gustaba Clotilde.

– ¡Mira que eres fea y gorda!- le decía Patas Largas.

– Y tonta- añadía Araña roja-.

Patas largasAraña roja

Y Clotilde se ponía un poco triste, porque ella quería ser como las demás, y ganarse el cariño de todos. Pensó y pensó y requetepensó…qué podía hacer para caer bien a las demás. A ella lo que mejor se le daba era gastar bromas. Se quedaba muy quieta y cuando se acercaba una de las suyas..¡sorpresaaaaaaa!..se descolgaba de la tela y en un santiamén se plantaba delante. ¡El susto que se pegaban era morrocotudo!

“Ya lo tengo”, pensó muy contenta Clotilde.

Ese día por la noche, decidió ir con las demás. Habían planeado colarse en la casa de Alfonsita, una niña muy traviesa que vivía muy cerca de donde ellas tenían su hogar.

Con Alfonsita tenían que tener mucho cuidado, porque era una niña muy lista y ninguna quería ser espachurrada por su zapato. Además, Alfonsita ya gastaba un treinta y cinco.

Alfonsita

Así que fueron despacito en busca de restos de comida: miguitas de pan, caramelos pegados al suelo.. Y allí estaba Alfonsita: disfrazada de bruja (le encantaba disfrazarse) y con una escoba entre las manos. Y a pesar de que fueron en silencio, la niña les vio.

Y en esto que iba Alfonsita, escoba en alto, a pegarles un buen golpetazo cuando Clotilde se encogió y se quedó muy quieta delante de todas. Alfonsita se extrañó y se acercó mucho..pero mucho mucho..hasta que su nariz casi casi rozaba  las patas peludas de Clotilde..y es cuando aprovechó la araña para saltar encima:

–uuuuuuuuuuuuuuuh!!!-dijo sacando la lengua (igual que hacía con sus compañeras).

– Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!! – gritó la niña. Y se fue corriendo.

Las otras arañas se quedaron sin habla. Del susto, la emoción y el agradecimiento.

Desde entonces todas adoran las bromas de Clotilde. Siempre cuentan con ella para todo. Y nunca olvidan la lección. Y Alfonsina por su parte, aprendió que ese día era un día fantástico para gastar bromas, así vestida de bruja, o pedir a cambio caramelos y chuches.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”).

LA JIRAFA MÁS ALTA

Las jirafas estaban preocupadas: Carlota no crecía. Y no era porque no comiera. Sus padres le conseguían las mejores hojas de los árboles. Y a ella le gustaban mucho. Pero no era suficiente: Carlota seguía sin crecer. Y además..¡¡no tenía manchas!!.

Carlota estaba muy triste. Así que sus papás decidieron consultar a la jirafa más anciana. Para llegar hasta ella tuvieron que andar mucho, porque la jirafa más anciana se escondía en un bosque lejano, cerca de los hombres. Y era un camino peligroso.

La jirafa más anciana vivía en una cueva. Carlota se quedó impresionada al ver la cantidad de objetos extraños que se acumulaban en el suelo, apilados en forma de inmensas torres.

– Son libros- dijo la jirafa más anciana- También tienen hojas, como los árboles.

Los papás de Carlota jamás habían oído la palabra “libro”. Pero se pusieron muy contentos al ver que funcionaban. Carlota acudía a diario a la cueva de la jirafa más anciana. Se comía las hojas de un par de libros y regresaba tan contenta por el mismo camino sinuoso que le llevaba hasta allí.

la jirafa carlota

Y su cuello comenzó a estirarse. Y entonces creció,  creció y creció como ninguna otra jirafa lo había hecho jamás. Las manchas de su piel tomaron la forma de las letras. Y Carlota se convirtió en la jirafa más alta .. y más sabia de todas.

 (© Fanny Tales 2013. Categoría “Mis primeros cuentos”).

EUGENIO NO QUIERE IR AL COLEGIO

Eugenio tenía un problemilla:

Le gustaba aprender cosas. Y jugar. Le gustaban los espaguetis con tomate que le servían en su plato amarillo. Le gustaba el recreo y cantar la canción de los números. También le gustaba el babi rojo y los días de cumpleaños. Porque en esos días, sus compañeros le daban gusanitos y alguna que otra chuche. Pero a Eugenio  no le gustaba ir al colegio.

eugenio triste

Y todas las mañanas pasaba lo mismo:

Primero se hacía el remolón en la cama. Luego, que le dolía la garganta. Que tenía fiebre. Que le dolía un pie.

El desayuno se hacía eteeeeeerno, por mucho que le gustara la leche con cereales. ¿Vestirse?. ¡Un suplicio!.

– ¡No quiero ir al cole!. ¡No me gusta el colegio!- gritaba Eugenio.

– Pero Eugenio, – decía su mamá- si luego te lo pasas muy bien.

Pero Eugenio no sabía que en realidad sí le gustaba el colegio. Lo que pasa es que le daba miedo no poder terminar la ficha… o salirse un poco al colorear… o que Juan le pegara para quitarle su coche favorito. Le daba miedo quedarse solo en el recreo. No poder llegar a tiempo al cuarto de baño y que se escapara el pis. O que la profesora le regañara por no haber prestado atención en clase.

Y ese era el problemilla de Eugenio. Y por eso Eugenio no quería ir al colegio.

Un día su mamá le explicó lo que le pasaba. Él no se había dado cuenta. Así visto, el problemilla parecía otro bien distinto.

eugenio contento

Le dijo que esos miedos se iban a pasar. Que ya era mayor y muy fuerte, y que tenía que luchar como los caballeros. Que ese problemilla era en realidad como un dragoncillo menudo. Y que al dragoncillo se le derrotaba con paciencia. Demostrándole que sí que se puede terminar la ficha, que se puede colorear sin salirse, aunque sea pintando despacito…Y que si Juan se apodera de su coche favorito, lo mismo había que pedir ayuda a la profesora para recuperarlo.

Le costó un poco a Eugenio, pero poco a poco fue venciendo sus miedos, y el colegio dejó de ser un problemilla para convertirse en un lugar divertido en donde aprender muchas muchísimas cosas.

( © Fanny Tales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”).

LAS NUBES DE VIOLETA

Violeta era un hada de las nubes. Pequeña, alegre y con muuucha imaginación. A ella lo que le gustaba era inventarse formas. Un barco pirata, una flor..un sol, una mariposa, un caracol… Y sus compañeras se burlaban de ella:

– Jajaja..¡pero Violeta!..¿cómo vas a manejar una nube con cabeza de dragón?..

violeta

Marga, Carolina y Calixta preferían fabricar sus nubes bien redonditas, o como mucho alargaditas. Pero nada de formas raras. “Que ridiculez”-pensaban ellas al ver las nubes de Violeta.

Violeta se ponía un poco triste, pero no podía dejar de fabricar sus nubes “especiales”. Y no era nada fácil. Todas las mañanas iba hasta la fábrica de las nubes y le entregaban una maraña tremenda, como una bola gigantesca de algodón. Y ella comenzaba a moldearlas, como si fuera plastilina. Pero muchas veces se le escurrían las nubes entre los dedos.

Luego empujaba sus nubes y las iba colocando a lo largo y ancho del cielo azul. Y las soplaba un poquito, para que se movieran.

Un día a Violeta le salió una nube corazón. Sus amigas no paraban de reírse de ella.

– !Pero que cursi, Violeta!. ¿Dónde vas con esa nube?- se reían las demás.

Violeta se puso un poco triste, y decidió quedarse en su nube para llorar sin que la vieran. Resulta que la pequeña nube llegó hasta un pueblecito rodeado por campos de trigo. Desde arriba se veía todo diminuto. Pero Violeta vio que había mucha gente señalando su nube. Como estaba llorando, era la única nube de la que caía agua.

corazón

Los habitantes del pueblo estaban sorprendidos: nunca habían visto una nube tan bonita. ¡Y era la única nube con lluvia!. En su pueblo no llovía casi nunca, así que para ellos era como un regalo..¡con forma de corazón!. La gente empezó a aplaudir, a reír y a cantar de alegría..y Violeta de pronto se sintió el hada más afortunada. Nunca más volvería a entristecerse por lo que sus compañeras dijeran de ella. Y por supuesto, seguiría haciendo sus nubes. Si estáis atentos, seguro que veis alguna…

TODOS MIS MONSTRUOS BUENOS

Lucas le había dicho a María que por las noches dormía con una pequeña luz encendida.

– ¿Y por qué?- preguntó un día María.

– Pues ¿no lo sabes?. Por la noche vienen los monstruos. No me gustan ni un pelo. Son grandes, feos y tienen unos dientes enormes.

María se quedó pensando un rato: ella no había visto nunca un monstruo tan de cerca. ¡Ya está!: esa misma noche se quedaría despierta. Sí, eso es, despierta. Así vería al fin todos los monstruos de los que hablaba Lucas. Y es que María era una niña muy curiosa.

María

Y esa noche, a pesar del sueño, María hizo lo imposible por no dormirse. Leyó cuentos, jugó con sus muñecas, y por último, cogió una linterna y se metió en la cama.

– Espero que vengan pronto- se dijo a sí misma.

María no está muy segura de si cerró o no los ojos. Lo que sí sabe es que esa noche vio a los monstruos. Primero apareció Toposaurio.

Toposaurio

Era morado, con el lomo llenito de espinas blandas, y dos espinas más al final de la cola. Toposaurio era chica y muy coqueta. Llevaba un lacito en la cabeza y hablaba con dulzura.

– Hola- le dijo a María. Me llamo Toposaurio. Mis amigos dicen que tengo cara de topo y cuerpo de dinosaurio.

– Ah!- dijo asombrada María- pues me encanta tu lazo morado.

Toposaurio y María se pasaron un buen rato charlando sobre el país de los monstruos, sobre los lazos morados y sobre sus juegos favoritos. Y se lo pasaron en grande. Después Toposaurio se tuvo que ir, pero entonces llegó Lagartisaurio.

lagartisaurio

– No me lo digas- dijo María al verle- Tus amigos dicen que tienes cara de dinosaurio y cuerpo de lagartija.

– Anda!..¿y cómo lo sabes?- preguntó extrañado Lagartisaurio.

Y a pesar del aspecto terrible del monstruo y el gruñido de presentación, María y Lagartisaurio se pusieron a hablar y a reír sin parar. Y cuando su amigo se tuvo que ir, apareció Verdisaurio. Y éste al principio parecía terriiiiible.

verdisaurio

– No me das nada de miedo- le dijo María- Me gusta el color verde.

– Vaya- contestó Verdisaurio– Pues entonces, me voy por donde he venido.

– No,no.. podemos ser amigos.

– ¿Amigos?.

– Claro. ¿Por qué no?.

Y ante una pregunta tan sensata, Verdisaurio no supo qué contestar. Y se quedó un rato.

Durante toda la noche su cuarto se llenó de monstruos, a cada cual más simpático, y María pasó una noche fantástica haciendo nuevos amigos.

dino comedor

Al día siguiente María fue a ver a Lucas y le contó lo de sus monstruos. Le habló de lo bien que se lo pasó con Toposaurio, de lo que se rió con Lagartisaurio y de todo lo que aprendió de Verdisaurio.

Y Lucas le miraba con los ojos muy abiertos y la cara de embobado. Y pensó que esa noche sería la última noche que iba a dormir con la pequeña luz encendida.

Y es que los monstruos, cuando se les habla sin miedo, son todos, todos, todos , todos buenos.

(©Fanny Tales 2013. Categoría “Mis primeros cuentos”).

VICENTE NO QUIERE SER VALIENTE

Vicente lloraba mientras su madre le intentaba consolar. Se acababa  de tropezar y se había caído de bruces contra el suelo.

-Venga, Vicente, que no es nada- le decía su mamá mientras le limpiaba con algodón y agua oxigenada la herida de la rodilla.

Y  Vicente, venga  a llorar.

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-Vamos, que te pongo una tirita y listo. ¿Es que no quieres ser valiente?.

Y Vicente la miró con los ojos llenitos de lágrimas y contestó:

– No.

Un no rotundo y meditado. ¿Valiente?. ¡Vicente no quería ser valiente!. Y en cuanto le pusieron la tirita, se fue a jugar…sin dejar de llorar. Vicente no se pensaba quitar la tirita en mil o dos mil años. Ni siquiera para bañarse.

Su perro Charlie le miraba con sus ojos redondos sin entender nada.

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– ¿Qué te pasa?- le preguntó a Vicente.

– Buaaaaaaaaaa. Que me he caído..buaaaaaaa- lloraba Vicente,

– Pero si no es nada..una heridita pequeña. Yo una vez me clavé una espina tremenda..y tuve que andar cojeando durante todo el día, hasta que tus padres se dieron cuenta y me sacaron la espina de la pata.

Y Vicente siguió su camino.

Entonces se topó con su gato Miau.

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– Miauuuuu…¿Qué te pasa?- le preguntó Miau.

– Buuuaaaaaaaaa. Que me he caído..buaaaaa- siguió llorando Vicente.

– ¿Y?. ¡Si eso no es nada!. Yo una vez me caí de la ventana..buff..menos mal que no estaba muy alto. No veas el daño que me hice…

Y Vicente siguió su camino, un poco menos triste que antes. Y al salir se encontró con la vaca Florinda.

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– Muuuuuu…¿Qué te pasa, Vicente?.

– Buaaaaaaaa…que me he caído…buaaaaa- lloraba y lloraba Vicente.

– ¿Esa tirita?. ¡Si es muy pequeña!. Yo un día me caí contra unas zarzas de moras. Eso sí que dolió..

Y Vivente siguió andando…menos triste. Y al llegar a la orilla del mar un pez sacó la cabeza.

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– ¿Quién llora tanto?- preguntó asustado el pez.

– Buaaaaaaa…me he caído…buaaaaaa- lloriqueaba Vicente.

– ¿Y por eso lloras?…¡si no es nada!. Yo una vez me clavé el anzuelo de un pescador.

Y Vicente miró al pececillo…y dejó de llorar. Y según volvía a casa se acordó de Charlie, Miau, Florinda y el pececillo de colores. Y antes de entrar en casa se quitó la tirita sin que nadie le dijera nada. Ahora sí, ahora sí que Vicente quería ser valiente.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”)

¿QUIÉN HA APAGADO LA LUNA?

El hombrecillo de la luna se tumbó en su nube después de terminar todo el trabajo. Estaba cansado. Había encendido la luna y más de tres trillones de trillones de estrellas.

duende encendedor de estrella

Tomás le miraba con cara pícara. Adoraba a su papá: era el mejor duende encendedor de estrellas que había visto nunca. Y en ese momento supo lo que quería ser de mayor.

Pero Tomás era un duendecillo travieso…¡sólo tenía cuatro años!…y pensaba tanto que se le ocurrían muchas trastadas. Un día tiró los cubos con agua que usaba el duendecillo de la lluvia para rellenar las nubes…y estuvo casi un mes sin llover. Otro día siguió al hada del arcoíris y empezó a borrar con una goma los colores que ella iba pintando. Ese día, la gente del pueblo miró extrañada el cielo..el arcoíris aparecía y desaparecía como por arte de magia. La pobre tuvo que pintar y repintar el arco. El colmo de los colmos fue cuando Tomás decidió apagar la luna.

tomás apaga la luna

-La lunaaaaaaaaaa!!!! ¿¿Dónde está la lunaaa??- gritaba asustada la gente.

El hada de la noche de despertó de golpe. Del susto, casi se cae de su estrella fugaz. Miró atónita el cielo..ahí estaban las estrellas. Pero la luna..¿dónde estaba la luna?. Fue corriendo a despertar al papá de Tomás.

hada de la noche

– Si yo la encendí…-dijo asustado-Como todas las noches…

Tomás observaba escondido desde su nube. El hada de la noche se volvió hacia él. ¡Le había descubierto!. Agachó la cabeza y confesó su trastada.

– Es que..yo quiero ser encendedor de estrellas como mi padre..- dijo a modo de disculpa. Al hada de la noche se le ablandó el corazón.

– Tomás- le dijo con voz muy suave- Tú serás un gran encendedor de estrellas, ya lo verás. Pero aún tienes muchas cosas que aprender. Y para aprender, debes observar, y debes practicar, pero con la ayuda siempre de tu padre. ¡No puedes ir haciendo tantas trastadas!. A partir de ahora te nombro aprendiz. Y cuidado, que tendrás una misión importante: toma este pincel y este bote de purpurina. Tú elegirás cada noche unas cuantas estrellas. Las pintarás de purpurina para que brillen más que ninguna. Cuando llegue algún deseo hasta ellas me lo traes y lo apuntaremos en la lista. Tu trabajo es muy importante. ¿Lo harás bien?.

– ¡Claro!- dijo Tomás lleno de emoción. ¡Iba a ser el duende de los deseos que quedaban pegados en las estrellas mágicas!.

tomás dos

Y así fue a partir de entonces. El hada de la noche decidió llamar a la trastada de Tomás, eclipse. Todavía de vez en cuando a Tomás se le escapa la mano y vuelve a liarla apagando la luna. Pero sólo de muy vez en cuando. El resto del tiempo, se encarga de apuntar muy bien todos los deseos que cada noche llegan hasta sus estrellas de purpurina.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”).

CLEMENTINA EN LA CORTE DEL REY COLIFLOR

El rey Coliflor tenía un problema: su hijo no quería ver ni de cerca a ninguna fruta. Y a él le habían dicho que las frutas eran las mejores maestras del mundo.

Doña Manzana intentó enseñarle algo de Ciencias. No duró ni una semana. Coliflortito se pasaba los días haciendo gamberradas para que Doña Manzana se cansara y saliera corriendo. Al cuarto día lo consiguió, cuando se le ocurrió poner chinchetas en la silla de la maestra. Ese día Doña Manzana salió del castillo gritando:

– ¡Este niño no tiene remedio!.

Doña Manzana

El rey Coliflor estaba desesperado. Ni Doña Sandía con toda la dulzura del mundo, ni Doña Cereza con su buen color rojizo ni si quiera Don Melón, consiguieron ni un poquito de atención. Nadie podía con Coliflortito, el niño más terco de la región.

rey coliflor

El rey Coliflor decidió mandar a su fiel caballero Don Patata  en busca de una maestra por otros reinos, porque en el suyo, ninguna fruta quería saber nada de la corte.

A las dos semanas, el caballero Patata volvió con una linda dama, oronda y naranja, de voz agradable y muy joven.

– Me llamo Clementina, Señor- le dijo al rey.

– Clementina- carraspeó el rey- no se si sabrás que mi hijo es un poco “rebelde”.

– Sí, señor- contestó ella- la historia de su hijo ha traspasado fronteras. Aún así me gustaría intentarlo.

– De acuerdo- respondió el rey- Comenzarás mañana.

Al día siguiente, Clementina se presentó puntual a su cita. Pero nadie la reconoció: llevaba un vestido marrón y se había cubierto todo el cuerpo de chocolate, incluidas las manos y la cara.

Coliflortito no supo qué pensar al verla entrar por la puerta. ¿Quién era esa señora tan rara?. No era una pera, ni un fresón, ni un albaricoque. ¿Por fin su padre había desistido?. Así que se sentó en su silla todo intrigado. Además, ella olía muy bien..¡a chocolate!.

Y Doña Clementina, disfrazada de chocolate, se pasó ese primer día enseñándole a Coliflortito sumas y restas.

El rey Coliflor se llevó una gran alegría al verla regresar al día siguiente. Llegó con su mismo vestido marrón y el cuerpo de chocolate. Pero esta vez dejó sin cubrir las manos.

A Coliflortito no le importó. Es más: casi ni se enteró. Siguió prestando atención, porque esa maestra era muy divertida. Esta vez la clase era de Historia, y maestra y alumno se disfrazaron de vikingos.

Y así fue como Clementina, poco a poco, se fue haciendo con la confianza del hijo del rey, al tiempo que iba mostrándose día a día un poco más de cómo era ella en realidad.

Al cabo de un mes, Coliflortito disfrutaba tanto de las clases de Clementina, que no se dio cuenta de que ese lunes, su maestra ya no llevaba ese horrible vestido marrón ni tampoco ni un poquito de chocolate en la cara.

clementina

Por primera vez vio a Clementina como era: una fruta naranja y redonda salpicada de pecas muy graciosas.  Y Coliflortito se dio cuenta de que acababa de aprender la lección más importante. Desde entonces dejó de huir de las frutas sin motivo, y se dejó enseñar con humildad.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”)

EL SECRETO DE PAPÁ

Mi padre tiene un cohete. Así que debe ser astronauta (por mucho que él diga que es electricista). Es su gran secreto, y yo no se lo he contado a nadie. Nunca he visto su casco guardado en el armario. Ni tampoco en el trastero. Debe tener un buen escondite. Pero se que es astronauta, porque tiene el cohete aparcado en el garaje. Se lo tienen que pasar muy bien todos los coches por la noche, intercambiando con él anécdotas y rutas de viaje.

coche

Por fuera, parece como los demás coches, pero en cuanto nos sentamos todos y papá aprieta el botón verde, el cohete despega y sale disparado. Casi ni me da tiempo a contar para atrás: – Tres, dos, uno..- Y ya hemos subido la rampa hasta la calle.

Cuando papá dice que vamos a la casa de la abuela, se que el viaje será largo. Mucho mejor: así me da tiempo a ver de pasada Marte, Júpiter y Saturno.

Para llegar a Marte, atravesamos un túnel muy oscuro, con lucecitas pequeñas a los lados. Las luces son amarillas y arriba, en el techo, hay cámaras y ventiladores.

Nada más salir del túnel, llegamos a Marte, que es rojo y está en lo alto de un edificio gigante. Nunca hemos aterrizado allí, así que no se cómo serán los marcianos. Seguro que tienen mucho pelo y llevan gorros y bufandas, porque allí arriba debe hacer mucho frio.

Después seguimos por el espacio, que está muy oscuro. Tanto, que no se pueden ver ni las estrellas. Yo me entretengo mirando las lucecitas del cohete. Tiene una azul que al apretarla, se oye música. Algunas veces también las voces de las personas que están en la torre de control. Seguro que preguntan a papá qué tal va el viaje y le informan de cuánto tiempo falta para llegar a Saturno.

cohete

Aunque primero pasamos por Júpiter, un planeta muy  grande y con mucha gente parecida a nosotros, pero que van muy deprisa. Tal vez tengan mini cohetes en los pies para llegar antes a casa.

El cohete de papá es tan cómodo que a veces me duermo. Por eso no se la cantidad de planetas que hay en el espacio. Debe haber millones.

Lo que más me gusta del viaje es cuando llegamos a casa de la abuela. Ella vive en la luna. Al menos es lo que dice mamá siempre:

– “Es que la abuela está en la luna”…

La luna es un sitio precioso. Tiene un ascensor con muchos botones. Yo he contado hasta diez. Mi madre siempre le da al ocho.

En la luna mi abuela tiene de todo: tele lunar, lavadora lunar y muchas fotos antiguas. El resto de los lunáticos son muy simpáticos. Su vecina Amparo viene muchas veces a verme y me trae bizcocho lunar, que está riquísimo, porque sabe a caramelo y chocolate.

Pero lo mejor de la luna son las vistas: desde la terraza de mi abuela pueden verse las estrellas y muchísimos planetas. Y al fondo del todo, el nuestro.

No hay nada como ir a casa de mi abuela en el cohete de papá y surcar el cielo entre las nubes.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: Mis primeros cuentos”).

UNA GORRA MÁGICA

Carlitos estaba punto de cumplir los cinco años. Ya sabía hacer muchísimas cosas: sabía escribir su nombre, vestirse él solo, montar en bicicleta y hasta contar hasta cincuenta. Pero había algo que todavía no podía hacer: ir al cuarto de baño por la noche. Y eso era un engorro, porque su madre aún le tenía que poner el pañal cuando se iba a la cama. Y a Carlitos eso no le gustaba nada de nada. Él había intentado levantarse de noche alguna vez, pero había algo muy poderoso que se lo impedía: la oscuridad. Carlitos asomaba la nariz por encima de la sábana y miraba alrededor. Y su cuarto estaba oscuro, muy oscuro, a pesar de la lucecita que su madre ponía en el enchufe. Y todos sabemos lo que les gusta a los monstruos la oscuridad. Lo máximo que había conseguido Carlitos es poner los pies desnudos sobre la alfombra. Ese día, Carlitos se quedó muy quieto y cuando se disponía a dar el primer paso, lo vio. ¡Claro! ¡como no iba a venir el monstruo de la noche!. Tenía la cabeza muy grande y las orejas de lobo. Llevaba un pijama de rayas y un peluche con forma de rata. Y Carlitos, de un salto, se volvió a meter en la cama y se tapó hasta las orejas para que el monstruo no le viera. Desde entonces, Carlitos no asoma más que la nariz. Y para nada se plantea volver a intentarlo. ¡Ni que estuviera loco!.

Un día, su abuela Clotilde le preguntó: – Carlitos, ¿tú por qué no vas por la noche al servicio? ¡Que ya eres mayor!. Y Carlitos agachó la cabeza y contestó: – Porque no quiero que el monstruo de la noche me secuestre. Carlitos adoraba a su abuela Clotilde. Era una abuela sabia, de esas que lo saben todo. Clotilde sabía contar hasta mil y dónde está China. También se sabía una lista muy rara de Reyes Godos. Y hasta sabía cuál es la chuche favorita de Carlitos. – ¿Es que nadie te ha contado nunca lo de la gorra?- le dijo a su nieto con cara de asombro. -¿Qué gorra? – contestó él algo nervioso. – Ay, ay, ay…- suspiró la abuela- Verás: a mi de pequeña me pasaba lo mismo que a ti. Y es que una vez tuve al monstruo de la noche delante. Nariz con nariz. Pero mi abuela me contó lo de la gorra: si te pones una al levantarte de la cama..¡te haces invisible ante los monstruos!. Ni lobos, ni vampiros, ni brujas ni mucho menos monstruos. Nada de nada. No podrán verte. De verdad,¡que yo lo probé!. Mamá y papá podrán verte, pero los monstruos no.. Al día siguiente, Carlitos se fue a dormir muy temprano. Dejó su gorra de coches junto a la cama. Y cuando le entraron ganas de hacer pis, se la puso.

Carlitos

Su abuela, definitivamente, era una sabia. Pudo andar por el pasillo como Pedro por su casa. Y ahí estaba el monstruo, con cara de atontado. Normal..¡¡no podía verle!!.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”).

LA PROFESORA ROSAURA

La profesora Rosaura es morena y delgada. Y siempre lleva el pelo recogido. Viene a clase con zapatillas de cordones y pantalón estrecho. Siempre va cargada de libros y dibujos. Pero lo mejor de todo es que la profesora Rosaura sabe hacer magia.

¡Dice que tiene un genio en su bolsillo!. Pero no es el genio de la lámpara. Es un genio invisible que sólo sale cuando hay mucho ruido.

Cuando Rosaura saca el genio del bolsillo, se enfada mucho y da un golpe en la pizarra. Entonces todos se callan. Y vuelve el silencio.

Rosaura también hace magia cuando tenemos que ir al patio, porque consigue que vayamos todos juntitos.

Hace magia en clase de dibujo. Porque al final, ninguno se sale pintando. Y si nos dice: -“la pinza…la pinza!”- En seguida colocamos los dedos como si fuéramos a espachurrar un guisante, y el tres y el cuatro salen perfectos.

Todo es más fácil con la profesora Rosaura. Y es que tener en clase a una maga, ayuda mucho.

Rosaura consigue lo imposible: ¡hasta que Hugo y Oscar hagan las paces!. Con lo que les gusta pegarse a ellos… Pero Rosaura saca su otro genio del bolsillo y las peleas terminan de golpe.

El otro genio de Rosaura está dormidito en su otro bolsillo. Y cuando lo saca, es porque alguno tiene que irse derechito al rincón de pensar. Y de tanto pensar, a Hugo y a Oscar se les olvida que se estaban peleando y comienzan a jugar de nuevo.

Rosaura también consigue que cantemos todos a la vez. Ella empieza:

– “El uno es un soldadooo…”- Y nosotros seguimos- “haciendo la instruccióooooon”. 2013-04-24-15-08-15_deco

Y al final, Rosaura nos aplaude.

¿Veis cómo la profesora Rosaura es una maga?. ¿Cómo podría hacer si no que todos la queramos tanto?.

(©Fanny Tales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”)

¡HAY UN FANTASMA EN MI BOMBILLA!

Marcos miraba sin pestañear la bombilla de su cuarto. Ahora se enciende. Ahora se apaga. Ahora se enciende. Ahora se apaga. Ahora se enciende… Nunca había estado tan quieto entre sus sábanas. Apenas asomaban los ojos y la nariz. Y cuanto más miraba la bombilla…más miedo le daba. Se encendía y se apagaba. Se encendía y se apagaba.

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¿Y si fuera un fantasma?. ¿Y si estuviera esperando a que se durmiera?.Tal vez vivía allí, en la bombilla. Tal vez se colara en sus sueños para asustarle. No, no y no. ¡No se podía dormir! – ¡Mamaaaaaaaaa! ¡Aguaaaa!- Y mamá venía con un vaso de agua. – ¡Mamaaaaaaaaa! ¡Quiero caricias!- Y mamá venía y le acariciaba. – ¡mamaaaaaaaaa!- Y su madre le preguntó: -¿Pero qué te pasa? – Es que..¡¡hay un fantasma!! -¿Un fantasma?, ¿dónde? – ¡En la bombilla! Y su mamá encendió la luz y se acercó a mirar. -Pues yo no veo nada- Y dándole un beso enorme se alejó despacito. Y apagó la luz. Y otra vez la bombilla..comenzó a brillar de nuevo…a encenderse y a apagarse. A encenderse y a apagarse. Seguro que era un fantasma amarillo y grande. O blanco. O transparente. ¿Y si aprovechaba la noche para robarle sus juguetes?. – ¡Mamaaaaaaaaa!- Y la mamá de Marcos volvió a su cuarto. – ¿Otra vez el fantasma?. Espera… – y esta vez se acercó a mirar con la luz apagada y aflojó la bombilla un poquito- ¿Ahora mejor? Ella se fue y la luz…¡¡¡ya no estaba!! Marcos sonrió. Con que así se libra uno de los fantasmas…-pensó- ¡¡Pero que debiluchos!!. A partir de entonces Marcos durmió del tirón toda la noche.

(©2013 Fanny Tales. Categoría: “Mis primeros cuentos”)

EL DUENDE DE LOS CHUPETES

Nadie sabe dónde vive. Tampoco como se llama. Pero yo conozco a un niño que lo ha visto. El niño se llama Jorge. Tiene casi tres años. Y hasta ahora, dormía con un chupete en cada mano. Si le hablas del duende, abre mucho los ojos, estira el cuello y se pone a gritar (dando saltitos): – ¡¡petín petín petín!!- Y todos se ríen. Si le preguntas: -¿dónde está el duende?. Él te responde: -ahí, ahí y ahí- Y señala a todas partes. Me contó que un día, mejor dicho, una noche, el duende entró en su cuarto sin hacer nada de ruido y se llevó uno de sus dos chupetes. Y al día siguiente volvió a por el otro. Pero

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él se despertó y entonces..¡le vio!. Dice que es muy pequeño. Pero muyyyy pequeño. Que tiene el pelo naranja y los mofletes gordos y sonrosados. Y que entonces agarró bien su chupete y le dijo sin nada de miedo: -¡petín mio! Pero el duende le contestó: -Petín mío, mío y mío Y que como el duende vio que empezaba a hacer pucheros, le dijo: – Tú ya eres mayor. Te cambio el chupete por un don: ummmmmmmmm..¡ya está!: a partir de ahora haras reir a los demás. Luego le guiñó un ojo y se marchó dando pequeños saltos. Al día siguientes sus padres vieron que no tenía el chupete. Jorge comenzó a decir: “petín petín petín”- dando saltitos. Y ellos comenzaron a reír a  carcajadas. Y así fue como Jorge conoció al duende de los chupetes y de cómo se enteró de que cambia chupete por don.

(©2013 Fanny Tales. Categoría: “Mis primeros cuentos”)

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