LAS HISTORIAS DE MIGUEL

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“LOS SUEÑOS”

Yo sé dónde se guardan los sueños: en las nubes. Las que están más gorditas, están llenitas de sueños. Por la noche los van dejando caer como si fueran copos de nieve. Pero son invisibles. Lo que no sé es si en la lluvia también va algún que otro sueño. Igual se montan en las gotas de agua como si fueran caballitos y llegan hasta el suelo. Por eso algunas flores también están hechas de sueños.

Tampoco sé por qué de los sueños bonitos casi no recuerdas nada. Y de los malos, todo. Me gustaría saber dónde está el interruptor para apagar los sueños malos y encender los buenos.

Aún así, algunas veces, te acuerdas de los sueños buenos. Bueno, también los hay “pichí, pichá”: un poco buenos y un poco malos. De esos, te acuerdas casi siempre.

Por ejemplo: un sueño malo es cuando te persigue un hombre y caras “happy” y “sad”. Un sueño pichí pichá es cuando subes hasta la luna de un salto y bajas en paracaídas. Ves una casa voladora con unas enormes alas blancas y te subes. Pero luego aterriza en la azotea del cole…

Y los sueños buenos,  tienen que ver con los coches de carreras, la playa, los helados y las fresas.

Qué complicado es esto de los sueños. Algún día descubriré cómo subir hasta las nubes para ordenarlos bien y que me caigan sólo los sueños buenos. Bueno, venga, y los pichí pichá.

“UN TOBOGÁN EN LA BAÑERA”

Los ancianos deben de llevar mucho tiempo en el agua. Eso es porque no tienen a nadie que les recuerde que ya hay que salir del baño. Por eso tienen tantas arrugas. Yo cuando me baño y  estoy mucho tiempo metido en el agua, me vuelvo viejo. Pero luego se me pasa. La primera vez me asusté un poco, porque me veía las manos y los pies llenitos de arrugas, y me dio por pensar que quizás ya estaba cerca de los 100. ¡Y yo todavía no me quiero ir volando al cielo!. Que me da miedo.

A mí es que me encanta el baño. Lo lleno de coches y empiezan a hacer piruetas, carreras, a derrapar y a esconderse entre la espuma. Luego bucean, y les tengo que pescar con una red.

Un día me dio por pensar que podía hacer un agujerito en el fondo de la bañera. Así podría bajar por un tobogán de agua a la bañera del piso de abajo. Sería la mar de divertido. Pero aún no sé cómo se hace un agujero en el fondo de la bañera, porque he dado golpecitos con el pie y está muy duro.

Ya se me ocurrirá algún plan. Mientras, seguiré pescando coches y jugando a hacer atascos kilométricos. También a hacer pócimas mágicas, de colores, con los geles y el champú verde. Es como si cocinaras, pero no se bebe. Un día lo probé y no estaba muy bueno. Eso es porque es un brebaje mágico. Y hay que tener cuidado. Lo mismo un día de estos consigo la fórmula para convertir la bañera en barco. O en coche. De carreras, claro.

Y es que el baño da para mucho. Y ese es el peligro, que se te pasa el tiempo volando y entonces es cuando te haces viejo.

“YO QUIERO VER LAS COSAS QUE NO SE VEN”

Me gusta mirar por la ventana. Veo pasar a la gente. También hay muchos coches aparcados. Veo a Elena, a Javier entrar en su casa. Pero hay cosas que no se pueden ver. A veces me gustaría tener unas gafas para ver lo que no se ve. Porque las de mi padre no sirven. Se ve todo borroso.

No sé por ejemplo hasta donde llegan las cosas cuando mi madre pasa el aspirador. La verdad es que ese aparato da un poco de susto, porque parece un dragón. Si me pillara a mi..¿me tragaría?. ¿Y a dónde iría?. ¿A dónde van las cosas que se come el aspirador?.

Igual pasa con la tele. Yo veo los dibujos. Pero no sé que hay más allá. Porque tiene un cable. ¿Hasta donde llega el cable?. ¿Por qué se lo traga la pared?.

Es como el mar, que nunca ves el final.

Por eso miro tanto al cielo. Si pudiera hacer un agujerito para ver lo que hay detrás… ¡Eso es!. El caso es hacer agujeros para mirar. ¡O abrir la tapa!.  Como cuando mi papá le quita los tornillos al coche y veo los cables de dentro.

Así que la solución es desatornillar el cielo. ¿Cómo no se me habrá ocurrido antes?. Lo malo va a ser subir hasta allí..y… bueno, tengo otra gran duda..¿y dónde están los tornillos?.

“LA RADIO DE LOS SUEÑOS”

No me gusta mucho ir a dormir. No porque no tenga sueño. Es por las pesadillas. A veces me entran pesadillas por la cabeza y luego no sé qué hacer para que se vayan. Llegan por una radio, la radio de los sueños. A veces se enciende la radio y empiezan a venir los sueños. Pero también vienen pesadillas, y eso no me gusta. Y por más que intento soñar con coches y carreras, de repente llega un sueño malo y aparezco volando y me da miedo, porque si vuelas te caes, claro.

Yo lo que quiero es soñar cosas bonitas. Si aprendiera a sintonizar la radio de los sueños, buscaría uno en donde pudiera ser un monstruo de las galletas. Un monstruo bueno. Así podría ir de casa en casa robando galletas. Y luego me las podría comer todas a escondidas.

Mi profesora me contó una vez que hay una bruja  que se cuela en los sueños de los niños y transforma todas las pesadillas en barritas de chocolate. Pero yo todavía no la he visto.

Si fuera verdad lo de la bruja no estaría nada mal, ¿verdad?. Estoy seguro de que entonces sí que me gustaría ir a dormir y sintonizar la radio. Y cuantas más pesadillas, más chocolate. Aunque prefiero las galletas. Lo mismo la bruja caza pesadillas también las puede transformar en galletas. ¡O en batidos de fresa!.

Ummm…si la veis, decidla que la espero.

“EL PEINE QUITAVIRUS”

A veces me duele la cabeza. Cuando te duele la cabeza es porque te ha entrado un virus por un agujerito. Yo creo que a mi me ha entrado un virus. Aunque no lo he visto entrar. La verdad es que no se cómo es. Quizás como una araña. Sólo se que son malos, porque hacen que te sientas mal. Para quitar los virus hay que utilizar un peine quitavirus. Te peinas y los virus se van.  Luego se tapa el agujerito por donde entraron, y listo.

A veces también me duele el corazón. Y eso es porque es muy grande. Tengo un corazón gigante. Por eso a veces me duele. Aunque también me duelen los brazos, las piernas, los dientes, las cejas y el bigote. Eso sin contar con los tobillos de la espalda. Son esas montañitas que tenemos detrás y se mueven.

Mi mamá dice que parezco un viejito con tantos dolores, pero no soy viejo, porque no tengo arrugas ni el pelo blanco. Tampoco llevo bastón ni quiero irme al cielo.

Cuando me duelen los ojos se ponen muy calientes. ¡Casi casi queman!. Por eso me hecho agua fría, y listo!.

Lo que me da mucho miedo es tragarme un chicle. Mi amigo Dani me dijo que si te tragas un chicle te abren la tripa. Yo no quiero que me abran la tripa, porque no se lo que hay dentro. Ni si quiera se lo que hay en el ombligo. Porque el ombligo es como un agujerito..¡¡pero está vacío!!. Así que tiene que haber algo detrás del ombligo. Y de la tripa.

Aunque lo peor de todo son las vacunas. La enfermera dice que son vitaminas de superhéroes. Ya ya..pues yo preferiría que se las pusiera ella, porque a mi las vitaminas esas me duelen mucho y luego estoy con el brazo tonto todo el día. Que yo no quiero ser un superhéroe…y no se enteran. Además..¿por qué no me las dan con forma de onza de chocolate?. Y es que a los mayores a veces no hay quien les entienda. Se pasan la vida estudiando y luego no son capaces de convertir las vacunas en pastillitas de fresa. Ay…

“NUBES DE PLASTILINA”

Me gustan las nubes. Es como si flotaran en el espacio. Lo que no se es si te puedes subir a una. Si están hechas de algodón, igual te caes. Por eso tengo un plan: voy a plantar un árbol muyyyy grande, para que llegue hasta las nubes. Luego trepo, como los monos, y así me subo a una.
Dice mi hermana que las nubes esconden secretos. Lo mismo es donde se duermen las estrellas por el día, porque por el día no se ven las estrellas, así que digo yo que estarán durmiendo. La luna no, porque la he visto.
Mi amigo Dani me dijo que un día se subió a un avión y atravesó las nubes. Yo también quiero atravesarlas. Aunque preferiría hacerlo en coche, porque los aviones se ven muy lejos. A veces parecen cohetes, porque dejan unas rayitas blancas en el cielo.
También me gustan las nubes porque tienen formas. De león, de dragón y hasta de cocodrilo. Un día vimos una que era un corazón. No se si ya nacen así o hay alguien que les da esa forma. Como cuando yo hago serpientes larguísimas con la plastilina. Y si alguien les da forma, me gustaría conocerle. Así que no es tan mala la idea de plantar un árbol altísimo para subir al cielo. Porque volar, ya se que no puedo. Que ya no soy tan pequeño.

“CUANDO CUMPLA 100”

Me llamo Miguel, tengo cuatro años y tengo muchas cosas que contar. Pero no os preocupéis..de aquí a que cumpla cien, me queda mucho tiempo por delante. Es la edad a la que te haces viejo. Cuando cumples cien, te vas al cielo. No se muy bien cómo. Un día le pregunté a mi madre, pero me dijo:

-“Puuuuuues…no lo sé…Tal vez volando”.

¿Volandooo?. ¿Cómo que volando?. ¿Te salen alas?. Además: si te vas volando al cielo, tendrás que llevar un casco espacial, porque…¿cómo vas a salir al espacio si no?. Me preocupa mucho eso del espacio, porque claro..yo desde aquí veo las estrellas. Y la luna. Pero.. ¿qué hay detrás de las estrellas?. Porque algo habrá, ¿no?. Otra pregunta que mi madre no sabe contestar. Y es que los mayores no lo saben todo. Quieren hacernos creer que sí, que te haces grande y de repente te enteras de las cosas. Pero resulta que de lo más importante, no se enteran…

Por ejemplo…la de veces que le he dicho a mi madre que tenemos que buscar un camión de bomberos.

– ¿Y por qué?- me pregunta ella.

¿Cómo que por que?. Está bien claro: ¿cómo va a bajar si no del cielo la abuelita?. Porque si se ha ido al cielo, ¡habrá que rescatarla!. O escalera, o colchoneta gigante: que elija.

¿Veis?. Está claro: los mayores no se enteran.

7 pensamientos en “LAS HISTORIAS DE MIGUEL

  1. Nos ha salido un jóven filósofo en la familiaa veces pienso que tenemos que aprender a desaprender y ver de nuevo la vida y lo que nos rodea como lo hace un niño, sin coneptos preconcebidos. Por cierto, ¿tobillos de la espalda=omóplatos? 😉

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