Cuento a medida: ‘Guadalupe y la casa misteriosa’

A Guada le encantaba jugar con sus hermanos. Porque tenía muchos, y se lo pasaba en grande. Estaban Carmen, Javier, María y Teresa. Guada no se enfadaba casi nunca y siempre les llenaba la cara de besos.

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Y es que a Guada lo que más le gustaba era jugar a ser la “mamá”. Por eso vigilaba mucho a Teresa, la más pequeña. Porque siempre estaba haciendo trastadas.

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LA PALABRA MÁS IMPORTANTE

Carolina volvió algo cabizbaja a casa: tenía que escribir una redacción sobre su palabra favorita.¡Con todas las que había en el diccionario!. Lo difícil era elegir. Porque cuantas más cosas tenemos, pensó, más difícil es ponerlas en orden.

Carolina

Así que Carolina se pasó toda la tarde pensando. Cogió el diccionario y empezó a abrirlo al azar. Señalaba a ciegas una palabra y la apuntaba en una hoja:

– “Cachivache”

– “Mariposa”

– “Tapón”

“Buah ..pensó Carolina- así no voy a ninguna parte”..

Así que cambió de estrategia y decidió preguntar a sus hermanos y a sus padres. Primero a su hermano mayor:

– A ver, Carlos, dime una palabra que te guste..

– ¡Espaguetis!

Carolina salió de su cuarto muy enfadada. Y le preguntó a su hermana pequeña.

– “Cato”- contestó Marta con su lengua de trapo.

– ¿Gato?- repitió Carolina desilusionada.

Luego le preguntó a su padre, y le dijo que le gustaba mucho la palabra “supercalifrasgilisticuespialidoso” (siempre estaba gastando bromas). Y su madre le contestó que le gustaban muchas: paz, felicidad, familia, margarita, libélula…. Y no se decidió por ninguna.

Así que Carolina se volvió a sentar en su silla y comenzó a garabatear la hoja en blanco. Y de pronto se vio dibujando corazoncitos por todo el papel ( porque a Carolina le encantaba dibujar cosas mientras pensaba)..

Y dibujó un corazón…y otro..y otro más..así hasta llenar el folio de pequeños corazones. Entonces fue cuando encontró la palabra. ¡Por fin la palabra más importante de entre todas las palabras!.

Carolina cogió el rotulador rojo y escribió con letras muy grandotas: Sigue leyendo

CUENTOS POR ENCARGO: “UNA CARTA PARA BALMA”

Portada Balma

Ocurrió un frío día de enero, por la tarde. Había nevado y las calles estaban blancas. Ese día, Balma recibió una carta. Con su nombre y apellidos y la letra clara. Sin remitente. La cogió nerviosa y se la llevó corriendo a su cuarto.  Su hermana la siguió. Ella también quería enterarse. Pero Balma decidió llevar aquello en secreto. ¡Era la primera vez que alguien le escribía!.

Así que no tardó en abrir la carta. Y escrito con letras mayúscula, pudo leer:

“Si sigues las pistas encontrarás el tesoro. Busca en tu nombre. Esconde un secreto”.

¿Ya?. Balma le dio la vuelta a la hoja. Una vez y otra más. ¡¡No había nada!!. Qué querían decir aquellas palabras?. ¿Un tesoro?. ¿Un secreto?. ¿Su nombre?. ¡No lo entendía!. Sin embargo, no quería decirle nada a su madre. Se rompería el hechizo…

Así que Balma guardó la carta entre las hojas de uno de sus libros, y aquella noche apenas probó bocado durante la cena. Ni podía dormir. No podía dejar de pensar en aquellas enigmáticas palabras… “las pistas”… “tesoro”…”nombre”…”secreto”…

Al día siguiente decidió comenzar a investigar. Lo primero que hizo fue ir a la biblioteca del colegio. Allí había muchísimos libros y seguro que alguno podría ayudarla. Buscó entre los libros de misterio..de tesoros..de detectives..y nada.

Balma Biblio

Y ya cuando se iba a ir, cabizbaja, escucho su nombre con esa vocecilla alegre de Ana, su amiga del alma.

– ¡Balma!. No te había visto. ¿Qué te pasa?.

A ella, a Ana, no le podía ocultar nada. Sabía leer en sus ojos, así que no merecí ala pena ni siquiera intentarlo.

– Buenoooo. Busco una pista.

-¿Una pista?. ¿De qué?.

– De un mensaje.

– ¿Qué mensaje?.

– Este…

Balma le tendió el sobre a su amiga y ésta lo leyó como tres veces. Y eso que sólo era una frase.

– ¿Y quién te lo ha mandado?.

– Ni idea.

– Bueno. Tal vez tengamos que hacer caso a lo que dice. Hay que buscar en tu nombre.

– ¿Y cómo?.

– Pues en algún libro de nombres, claro.

No había nada como hablar con Ana. Siembre o veía todo muy clarito, así que enseñarle la carta, pensó Balma, no había sido tan mala idea.

Biblio

Buscaron un libro de nombres. Y ahí estaba el suyo: Balma.

– “Balma significa gruta o cueva. Es el nombre de la Virgen de la Balma. Tiene un santuario excavado en la roca en Zorita, una población muy pequeña de Castellón”.

Las dos amigas se miraron boquiabiertas. ¡Zorita!. ¡Una cueva!.

– ¿Me estás diciendo que en la cueva esa hay un tesoro?- exclamó victoriosa Balma.

– Yo creo que sí- contestó su amiga.

– ¿Y cómo llego hasta allí?.

– No sé. Ni idea.

Balma regresó a casa contenta. También un poco triste. Conocía el significado del mensaje. Y no sabía cómo hacer para llegar hasta el tesoro.

Así se pasó Balma el resto de semana..hasta que el viernes recibió la mejor de las noticias.

– Oye Balma, este fin de semana hacemos una excursión- le dijo su madre- Os vamos a enseñar a tu hermana y a ti la cueva de Zorita.

¡No podía ser verdad!. ¡Iba a conocer la cueva!. ¡Podría buscar el tesoro!. Intentó disimular un poco su entusiasmo, aunque era difícil. Su hermana estaba bastante “mosqueada” porque la notaba rara.

Al día siguiente,Balma era la primera preparada para salir en la puerta de casa.

– Vaya, menudas prisas-le dijo su madre.

El viaje se le hizo eterno. No eran muchos kilómetros, pero tenía tantas ganas de llegar…

Y al fin lo vio, como parte de la montaña. Unas casas blancas pegadas a la roca, un edificio del color de la arcilla y una gruta. Abajo había un rio. Aparcaron y comenzaron  a subir andando.

– Qué callada estás- le dijo extrañada su madre.

– Que va- contestó Balma. Y siguió andando.

Primero llegaron a las casas blancas. Y un poco más adelante estaba la iglesia. Y por fin, la cueva. Claro, que estaba un poco oscura.

Balma cueva

Balma miró y remiró y sólo alcanzó a ver la talla de una virgen en medio de la gruta. Y de repente pensó que  aquello podía ser una  broma. . .Salieron de la gruta. Balma estaba triste. Sus padres decidieron que comerían allí mismo. Una de las casitas blancas era un hostal.

Se pidió espaguetis con tomate. Y de postre un flan. Su madre no dejaba de observarla.

– Pues algo te pasa…

– Que no- contestó enfadada Balma.

Entonces se acercó el camarero, con una carta.

– Me han dado esto para una tal Balma-dijo muy serio.

Y Balma de un brinco saltó de la silla. Cogió el sobre y lo abrió todo lo deprisa que pudo.

“Descubriste el misterio. Eso significa que eres una excelente detective. Te has ganado un premio: así que tú misma elegirás el tesoro”.

Firmado: Mamá.

(© Fanny Tales 2014. Categoría: “Ya sé leer”. Cuento por encargo para Balma, una niña de siete años).

DON MARINO

En realidad se llama Antonio, pero le llaman Don Marino. Tal vez por su camiseta blanca, el ancla bordado en el centro y esa barba larga y tupida. Siempre lleva un gorrito redondo de algodón y una cesta de mimbre. Para guardar los peces.

Don Marino

Y todas las mañanas don Marino se acerca al puerto, se sienta en el muelle y saca su caña de pescar. Y todas las mañanas también, se acerca Matías para ver lo que pesca Don Marino.

Matías tiene sólo ocho años, pero quiere ser pescador, como Don Marino. Y se sienta a su lado para ver cómo engancha la lombriz en el anzuelo y cómo después lanza el sedal  lejos, muy lejos, tan lejos  que a veces lo pierde de vista.

Y así se pasan las mañanas Matías y Don Marino, calladitos y pacientes. Esperando que algún pez pique. Pero no pican. Y mientras, Don Marino, entre silencio y silencio, le cuenta historias muy antiguas a Matías. Y a Matías le encantan las historias de Don Marino.

¿Queréis oír una?.

– ¿Sabes, Matías?- le dijo un día Don Marino al niño- Hace mucho, mucho, mucho tiempo (porque las historias de Don Marino siempre empiezan así)…pero mucho, mucho tiempo, conocí a la ballena más grande del ancho mar.

Matías pone los ojos como platos y se le ilumina la cara. Señal de que quiere oír más.

– Sí, sí..te lo digo de verdad- continuó Don Marino- Yo no sabía nada de ballenas, porque era muy joven. Estaba pescando en medio del océano, en una barquita muy pequeña que me prestó mi papá. Sólo había podido coger un pez, y ya me iba a marchar. Llevaba muchos días en aquel lugar. Todos los días iba al mismo sitio, en la misma barquita, y a la misma hora. Y justo cuando me iba, la oí:

– Fffffffffff. Fffffffff.

don marino y la ballena

Resoplaba con fuerza, como una manguera cuando se escapa del grifo. Me empapó de agua, y entonces la vi: inmensa, desafiante y gorda, muy gorda.

(Matías seguía poniendo la misma cara. Así que Don Marino continuó).

– Y en vez de asustarme, me enfadé. Vaya que si me enfadé…¡¡me había puesto perdido!!. Así que le grité: “Eh, tú, pez gordo, yo no te he hecho nada para que mojes enterito”.

Y la ballena volvió a resoplar.

-Ffffffffffffffffffffffffffff.

Entonces entendí que quería jugar, como un perrillo. Y puestos al lío, me puse a jugar…y le lancé el único pez que había pescado. Nos hicimos muy amigos, y volvimos a vernos al día siguiente. Y así todos los días, uno detrás de otro. Después de pescar, la ballena se acercaba y empezábamos a jugar.

Un día dejé de verla, se fue. Pero aún la espero, sentado en este muelle. Sé que volverá. ¿Sabes?: cuando haces un amigo, aunque no le veas, está. Claro que está.

Y ese día Matías se sintió un poco ballena, y decidió que nunca abandonaría a Don Marino.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Ya sé leer”).

LA VENTANA

A Juan le encantaba subir a la colina verde con su abuelo. Él decía que para coger flores y hacer un ramillete enorme para su abuela. Pero en realidad le gustaba subir a la colina verde porque allí en todo lo alto estaba la casa embrujada. Y eso a su abuelo no se lo iba a decir (para que no se asustara).

Le gustaba mucho esa casa a Juan porque tenía ventanas y ventanas por todas partes. Era una enorme casa repleta de minúsculas ventanas. Y de todas ellas había una diferente. Era la más estrecha y alargada. Su ventana favorita, tal vez por ser distinta. Y cada vez que subía a la colina verde junto a su abuelo, se pasaba los minutos mirándola embobado.

casa ventana

Nunca vio a nadie salir de la casa. Ni mirar por ninguna de las cientos de ventanas que la rodeaban. Parecía una casa vacía.

Pasó que un día su abuelo le sorprendió.

– ¿Y por qué no miramos a ver qué hay dentro?.

Él nunca le había dicho nada. Y sin embargo lo sabía todo. Siempre lo sabía todo. Por eso era la persona que más quería.

– ¿Y cómo?. ¡Está muy alta!.

El abuelo de Juan se rascó la cabeza y al cabo de un rato le dijo:

– ¡Tengo una idea!: mañana vendremos con una escalera larga, muy larga. Y subiremos hasta allí.

Al día siguiente volvieron a la colina verde, con la escalera a cuestas. La colocaron contra la pared, bajo la ventana estrecha. Juan no podía creer que aquello estuviera pasando. Él y su abuelo allí, con una escalera, junto a la ventana,a punto de desvelar el misterio.

– Subiré yo primero para comprobar que la escalera esté bien- dijo el abuelo de Juan.

casa ventana escalera

Subió despacio, agarrándose bien a cada extremo. La madera de la escalera crujía a cada paso. Un peldaño. Otro. Y otro más. Así hasta 15. Y allí en lo alto, su abuelo parecía muy pequeño. Tanto, como un niño.

Se quedó un buen rato allí mirando por la ventana, sin decir palabra. Y al volverse tenía los ojos llenitos de lágrimas. Bajó despacito la escalera.

– ¡Dime qué has visto, abuelo!- le dijo Juan.

– No, no..mejor sube tú.

Y Juan subió deprisa, impaciente y tembloroso. Estaba a punto de descubrir el misterio. Y al llegar, se quedó petrificado. Acercó más y más la cara. No podía ser. Allí sentado junto a una chimenea, estaba su abuelo, leyendo un libro. En la vieja mecedora marrón.

Volvió a mirar. Se limpió los ojos. Allí seguía. Y sin apenas entender, bajó la escalera, esta vez despacio. Y miró a su abuelo extrañado.

– ¿Qué viste tú, abuelo?- le preguntó una vez abajo.

– Te vi a ti.

Y ambos recogieron la escalera y se marcharon despacito. Por el mismo camino que harían juntos de nuevo cada día.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Ya sé leer”).

EL CUADERNO DE CLOE

A Cloe le gustaba mucho dibujar, escribir, y pensar en las musarañas. Y en el recreo, en vez de jugar a darle patadas a la pelota, a inventar trastadas en el cuarto de baño o hacer comiditas con piedras machacadas, ella se sentaba en un rincón, sacaba su cuaderno y empezaba a mover el lápiz hacia todos los lados.

Cloe

– Siempre igual- decían sus amigas- ¿pero qué escribe todos los días en ese cuaderno?.

El cuaderno de Cloe era un cuaderno especial, que ella misma se fabricó, grapando hojas de colores. Era un cuaderno de hojas verdes, rosas, amarillas..

– Es un cuaderno mágico- les dijo un día Cloe.

Sus amigas desde entonces no pararon de pensar cómo hacer para quitarle el cuaderno.

– Ha dicho que es mágico- recordó Merceditas- Eso es porque seguro que apunta conjuros de esos de las brujas.

MerceditasRaquel

– No creo- decía Carlota, que siempre había sido mucho menos fantasiosa que el resto- Es mágico porque la tinta se volverá invisible.

-¿Invisible?- repitió entusiasmada Raquel- O quizás sea mágico porque te ayude a viajar por el espacio-

Y todas se echaron a reír.

– Hay que hacer algo para averiguarlo- dijo Merceditas.

Dicho esto, trazaron un plan. El objetivo: el cuaderno de Cloe. Claro, que no iba a ser nada fácil. Cloe no dejaba  su cuaderno ni un segundo. ¡Hasta se lo llevaba al cuarto de baño!.

– Tenemos que distraerla para poder echarle un vistazo- dijo al cabo de un rato Merceditas.

Así que al día siguiente, cuando sonó el timbre del recreo, Raquel, Carlota y Merceditas fueron corriendo hacia Cloe.

– Cloe, Cloe, ¡mira lo que hemos traído para ti!- le dijo Merceditas guiñando al resto un ojo. Y sacó una muñeca de su mochila. Una muñeca nueva, que acababan de regalarle, con cientos de accesorios y vestiditos de quita y pon.

Pero Cloe agarró fuerte su cuaderno y dijo:

– ¡Que bonita!. Pero voy a dibujar un rato.

Oh, no!..no había manera. Los días siguientes siguieron intentándolo..con cromos, dibujos e incluso una caja de bombones. Nada. Cloe no se separaba del cuaderno, y cada día que pasaba el cuaderno era más y más mágico. Más y más especial. Más y más atrayente. Y Carlota, Merceditas y Raquel se morían de rabia.

Cloe se dio cuenta de que sus amigas la seguían a todas partes. Y sonreía muy contenta de tener algo tan valioso entre las manos.

Así se pasaron las amigas todo el año, intentando sin éxito ver lo que Cloe dibujaba en su dichoso cuaderno de colores. Y el último día de colegio, cuando ya habían perdido todas las esperanzas, ocurrió lo inesperado: Cloe se acercó a sus amigas y les tendió el cuaderno garabateado.

– Os lo regalo- les dijo sin pestañear.

Sus amigas no sabían si creerlo. ¡Por fin tenían el cuaderno mágico entre las manos!. Lo abrieron impacientes, con muchos nervios. No sabían si encontrarían pócimas mágicas, letras invisibles o alguna clave para viajar por el espacio..y al abrir las hojas, comprobaron atónitas que sólo estaba lleno de..letras!!

Cuaderno Cloe

Ahí estaban sus nombres y unos cuantos corazones. Y palabras enredadas entre sí: árbol, corazón, luna, cielo..Y dibujos salpicando las palabras de color: un gato, un sol, unas flores… Y de magia, nada..

cuaderno cloe 2

– Pero…¡no es un cuaderno mágico!- protestaron las niñas.

– Sí que lo es- dijo Cloe- Aquí dentro están todas las cosas que me hacen soñar. ¡Feliz verano, chicas!.

Sus amigas terminaron aquel curso aprendiendo una sabia lección: la magia  no hay que buscarla fuera…sino dentro de las personas.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Ya sé leer”).

LA PALABRA MÁS LARGA

A Mateo le encantaba jugar con las palabras.  “Bárbaro. Bata. Balón. Barca”.

“Batín. Baba. Batalla”.

– Ahora, que empiecen por “ca”- les decía a sus amigos.

– Calamidad. Caballo. Caramelo.

– Carroza. Camión. Cacatúa.

– ¡Caca!- soltaba Lucas.

Y todos a reír.

Las palabras se parecían a los acertijos. Y a él le encantaba jugar a las adivinanzas. También disfrutaba inventado palabras:

– ¡Carricocherístico!

Y todos a reír.

los amigos pensando palabras

Otras veces le preguntaba a Deo, un amigo de su padre que era viejo y sabio. Muy viejo y muy sabio. Porque Deo se sabía palabras muy raras.

– Caleidoscopio.

Y Mateo escuchaba atónito. No sabía de nadie que se supiera más palabras que Deo.

Un día se quedó pensando… ¿y si buscara una palabra larga..muyyy larga? ¡La palabra más larga!. ¡La palabra más increíble!. Tanto o más que caleidoscopio, ornitorrinco o libélula. Y propuso a sus amigos un juego:

– El que consiga encontrar la palabra más larga, gana.

Y a todos les pareció buena idea, así que se pusieron a investigar, entre todas las palabras que conocían. Marta las apuntaba en una hoja e iba contando las letras: una..dos..tres..cuatro..

Juan observaba todo alrededor y se ponía muy serio.. Carlos hasta cerraba los ojos para concentrarse.  La cosa se ponía difícil, porque sus amigos habían encontrado palabras muy largas:

– Destornillador: 14 letras- soltó Carolina

– Otorrinolaringólogo: 19 letras- dijo muy contenta Marta.

-¿Y tú, Juan?

– ¡Carcatipatrucalia!

Y todos a reir.

– Eso no vale, es trampa. Las palabra son se pueden inventar- dijo Mateo.

Y se fue triste a casa, pensando en que no encontraría ninguna palabra que realmente mereciera la pena. Ese día Deo estaba de visita. Así que aprovechó y le preguntó.

– ¿La palabra más larga?- dijo Deo asombrado- Ummm…deja que piense.

palabras

Deo estuvo un tiempo pensando. Y cuando Deo pensaba mucho arrugaba la frente y parecía aún más viejo.

– ¡Ya lo tengo!- dijo sonriendo.

Al día siguiente, Mateo llegó al colegio victorioso. Por fin había encontrado una palabra importante. Y larga, muy larga.

– Venga, dilo ya- le dijo Juan nervioso.

– ¡Deoscopidesempérides!

Y todos en silencio. Con cara de asombro. Nunca habían oído una palabra taaan rara. Ni taaan larga. Ni taaan espectacular.

– Son 20 letras-aclaró Mateo.

Y todos sus amigos le felicitaron. Sin saber si quiera qué significaba.

– ¿Un animal?- preguntó Juan.

– No

– ¿Un país?- Intentó Carolina

-No

– ¿Un hueso?

– frio frio

– ¡Un sabio!- dijo de pronto Marta.

– ¡Sí!- contestó Mateo- El sabio más sabio y más viejo del planeta: mi amigo Deo.

El timbre del recreo sonó y todos se fueron a sus clases..repitiendo sin parar entre los dientes la palabra más larga y más increíble que habían encontrado…

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Ya sé leer”).