Don Marino. Cuento para niños sobre el valor de la amistad.

En realidad se llama Antonio, pero le llaman Don Marino. Tal vez por su camiseta blanca, el ancla bordado en el centro y esa barba larga y tupida. Siempre lleva un gorrito redondo de algodón y una cesta de mimbre. Para guardar los peces.

Don Marino

Y todas las mañanas don Marino se acerca al puerto, se sienta en el muelle y saca su caña de pescar. Y todas las mañanas también, se acerca Matías para ver lo que pesca Don Marino.

Matías tiene sólo ocho años, pero quiere ser pescador, como Don Marino. Y se sienta a su lado para ver cómo engancha la lombriz en el anzuelo y cómo después lanza el sedal  lejos, muy lejos, tan lejos  que a veces lo pierde de vista.

Y así se pasan las mañanas Matías y Don Marino, calladitos y pacientes. Esperando que algún pez pique. Pero no pican. Y mientras, Don Marino, entre silencio y silencio, le cuenta historias muy antiguas a Matías. Y a Matías le encantan las historias de Don Marino.

¿Queréis oír una?

– ¿Sabes, Matías?- le dijo un día Don Marino al niño- Hace mucho, mucho, mucho tiempo (porque las historias de Don Marino siempre empiezan así)…pero mucho, mucho tiempo, conocí a la ballena más grande del ancho mar.

Matías pone los ojos como platos y se le ilumina la cara. Señal de que quiere oír más.

– Sí, sí..te lo digo de verdad- continuó Don Marino- Yo no sabía nada de ballenas, porque era muy joven. Estaba pescando en medio del océano, en una barquita muy pequeña que me prestó mi papá. Sólo había podido coger un pez, y ya me iba a marchar. Llevaba muchos días en aquel lugar. Todos los días iba al mismo sitio, en la misma barquita, y a la misma hora. Y justo cuando me iba, la oí:

– Fffffffffff. Fffffffff.

don marino y la ballena

Resoplaba con fuerza, como una manguera cuando se escapa del grifo. Me empapó de agua, y entonces la vi: inmensa, desafiante y gorda, muy gorda.

(Matías seguía poniendo la misma cara. Así que Don Marino continuó).

– Y en vez de asustarme, me enfadé. Vaya que si me enfadé…¡¡me había puesto perdido!! Así que le grité: “Eh, tú, pez gordo, yo no te he hecho nada para que mojes enterito”.

Y la ballena volvió a resoplar.

-Ffffffffffffffffffffffffffff.

Entonces entendí que quería jugar, como un perrillo. Y puestos al lío, me puse a jugar…y le lancé el único pez que había pescado. Nos hicimos muy amigos, y volvimos a vernos al día siguiente. Y así todos los días, uno detrás de otro. Después de pescar, la ballena se acercaba y empezábamos a jugar.

Un día dejé de verla, se fue. Pero aún la espero, sentado en este muelle. Sé que volverá. ¿Sabes?: cuando haces un amigo, aunque no le veas, está. Claro que está.

Y ese día Matías se sintió un poco ballena, y decidió que nunca abandonaría a Don Marino.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Ya sé leer”).

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