La ventana. Cuento infantil sobre el tiempo.

A Juan le encantaba subir a la colina verde con su abuelo. Él decía que para coger flores y hacer un ramillete enorme para su abuela. Pero en realidad le gustaba subir a la colina verde porque allí en todo lo alto estaba la casa embrujada. Y eso a su abuelo no se lo iba a decir (para que no se asustara).

Le gustaba mucho esa casa a Juan porque tenía ventanas y ventanas por todas partes. Era una enorme casa repleta de minúsculas ventanas. Y de todas ellas había una diferente. Era la más estrecha y alargada. Su ventana favorita, tal vez por ser distinta. Y cada vez que subía a la colina verde junto a su abuelo, se pasaba los minutos mirándola embobado.

casa ventana

Nunca vio a nadie salir de la casa. Ni mirar por ninguna de las cientos de ventanas que la rodeaban. Parecía una casa vacía.

Pasó que un día su abuelo le sorprendió.

– ¿Y por qué no miramos a ver qué hay dentro?

Él nunca le había dicho nada. Y sin embargo lo sabía todo. Siempre lo sabía todo. Por eso era la persona que más quería.

– ¿Y cómo? ¡Está muy alta!

El abuelo de Juan se rascó la cabeza y al cabo de un rato le dijo:

– ¡Tengo una idea!: mañana vendremos con una escalera larga, muy larga. Y subiremos hasta allí.

Al día siguiente volvieron a la colina verde, con la escalera a cuestas. La colocaron contra la pared, bajo la ventana estrecha. Juan no podía creer que aquello estuviera pasando. Él y su abuelo allí, con una escalera, junto a la ventana,a punto de desvelar el misterio.

– Subiré yo primero para comprobar que la escalera esté bien- dijo el abuelo de Juan.

casa ventana escalera

Subió despacio, agarrándose bien a cada extremo. La madera de la escalera crujía a cada paso. Un peldaño. Otro. Y otro más. Así hasta 15. Y allí en lo alto, su abuelo parecía muy pequeño. Tanto, como un niño.

Se quedó un buen rato allí mirando por la ventana, sin decir palabra. Y al volverse tenía los ojos llenitos de lágrimas. Bajó despacito la escalera.

– ¡Dime qué has visto, abuelo!- le dijo Juan.

– No, no..mejor sube tú.

Y Juan subió deprisa, impaciente y tembloroso. Estaba a punto de descubrir el misterio. Y al llegar, se quedó petrificado. Acercó más y más la cara. No podía ser. Allí sentado junto a una chimenea, estaba su abuelo, leyendo un libro. En la vieja mecedora marrón.

Volvió a mirar. Se limpió los ojos. Allí seguía. Y sin apenas entender, bajó la escalera, esta vez despacio. Y miró a su abuelo extrañado.

– ¿Qué viste tú, abuelo?- le preguntó una vez abajo.

– Te vi a ti.

Y ambos recogieron la escalera y se marcharon despacito. Por el mismo camino que harían juntos de nuevo cada día.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Ya sé leer”).

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