UNA GORRA MÁGICA

Carlitos estaba punto de cumplir los cinco años. Ya sabía hacer muchísimas cosas: sabía escribir su nombre, vestirse él solo, montar en bicicleta y hasta contar hasta cincuenta. Pero había algo que todavía no podía hacer: ir al cuarto de baño por la noche.
Y eso era un engorro, porque su madre aún le tenía que poner el pañal cuando se iba a la cama. Y a Carlitos eso no le gustaba nada de nada.
Él había intentado levantarse de noche alguna vez, pero había algo muy poderoso que se lo impedía: la oscuridad.
Carlitos asomaba la nariz por encima de la sábana y miraba alrededor. Y su cuarto estaba oscuro, muy oscuro, a pesar de la lucecita que su madre ponía en el enchufe. Y todos sabemos lo que les gusta a los monstruos la oscuridad.
Lo máximo que había conseguido Carlitos es poner los pies desnudos sobre la alfombra. Ese día, Carlitos se quedó muy quieto y cuando se disponía a dar el primer paso, lo vio. ¡Claro! ¡como no iba a venir el monstruo de la noche!. Tenía la cabeza muy grande y las orejas de lobo. Llevaba un pijama de rayas y un peluche con forma de rata. Y Carlitos, de un salto, se volvió a meter en la cama y se tapó hasta las orejas para que el monstruo no le viera.
Desde entonces, Carlitos no asoma más que la nariz. Y para nada se plantea volver a intentarlo. ¡Ni que estuviera loco!.

Un día, su abuela Clotilde le preguntó:
– Carlitos, ¿tú por qué no vas por la noche al servicio? ¡Que ya eres mayor!.
Y Carlitos agachó la cabeza y contestó:
– Porque no quiero que el monstruo de la noche me secuestre.
Carlitos adoraba a su abuela Clotilde. Era una abuela sabia, de esas que lo saben todo. Clotilde sabía contar hasta mil y dónde está China. También se sabía una lista muy rara de Reyes Godos. Y hasta sabía cuál es la chuche favorita de Carlitos.
– ¿Es que nadie te ha contado nunca lo de la gorra?- le dijo a su nieto con cara de asombro.
-¿Qué gorra? – contestó él algo nervioso.
– Ay, ay, ay…- suspiró la abuela- Verás: a mi de pequeña me pasaba lo mismo que a ti. Y es que una vez tuve al monstruo de la noche delante. Nariz con nariz. Pero mi abuela me contó lo de la gorra: si te pones una al levantarte de la cama..¡te haces invisible ante los monstruos!. Ni lobos, ni vampiros, ni brujas ni mucho menos monstruos. Nada de nada. No podrán verte. De verdad,¡que yo lo probé!. Mamá y papá podrán verte, pero los monstruos no..
Al día siguiente, Carlitos se fue a dormir muy temprano. Dejó su gorra de coches junto a la cama. Y cuando le entraron ganas de hacer pis, se la puso.

Carlitos

Su abuela, definitivamente, era una sabia. Pudo andar por el pasillo como Pedro por su casa. Y ahí estaba el monstruo, con cara de atontado. Normal..¡¡no podía verle!!.

(© Fanny Tales 2013. Categoría: “Mis primeros cuentos”).

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4 pensamientos en “UNA GORRA MÁGICA

  1. Q buena idea!! Ojalá lo hubieses escrito cuando mi sobrina Gema era pequeña. Pero bueno siempre existen Gemas todos los tiempos y si leen tu cuento se les solucionará su pequeño problema q para ellos es muy grande. Un besito y a seguir escribiendo cuentos q a mí me encantan , aunque sea un poco “mayorcita”. Un beso gigante

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